Vox y la crisis de la socialdemocracia

Instituto de Barcelona. En la hora de comedor, dos monitores conversan con jóvenes del centro: un chico ruso, uno de Guinea Ecuatorial y un tercero de origen gitano. Este último alega que no está mal Vox. Uno de los monitores le explica que, si fuera por el partido de ultraderecha, quizá sus amigos no estarían hablando con él. El otro monitor interviene: a él mismo le afectaría la presencia de la far right española liderando un gobierno.

Minutos después, en otra lugar de la ciudad, dos amigos intercambian mensajes de WhatsApp. Ambos han votado a Unidas Podemos y hablan sobre las raíces profundas de Vox (y de los posicionamientos políticos más allá de centroizquierda y liberales). Llegan a la conclusión que el populismo surge porque la centroizquierda europea ha abandonado a la clase trabajadora y ha destinado sus esfuerzos a la corrupción, a la protección de las grandes estructuras económicas. En el caso del populismo de extrema derecha mencionan dónde ha cosechado sus mejores resultados: en zonas con una enorme capacidad adquisitiva, pero además, ha aumentado los votos en los barrios de menor renta de la periferia barcelonesa y madrileña. También, en Andalucía, Ceuta, Melilla y Región de Murcia. Esto es, una subida importante en territorios en los que se convive con la migración.  

De esta forma, el Estado español se equipara a otros países europeos: tiene una de las fuerzas de extrema derecha con más peso, a nivel parlamentario, del continente. Vox obtuvo más de 3,6 millones de votos y el 14,5% del total, cifras similares a las de Alemania (12,6%) o Francia (13,2%). 

La connivencia de unos partidos y tolerancia de otros explican la aprobación de muchos ciudadanos del discurso xenófobo, racista y misógino, y además, lo consideran como disruptivo. PP y Cs formaron gobiernos autonómicos con el apoyo de VOX. Eso les introdujo en la parrilla política. PSOE no hizo cordón sanitario y lo quería en los debates.

“Defender las ideas sin ser estigmatizadas”, pronunciaba Santiago Abascal el domingo tras los resultados electorales. En esta oración reside la consecución de su objetivo: su fascismo se había batido contra los otros grupos políticos. La tolerancia y la normalización de su presencia, por ejemplo, en debates televisivos, llevó a muchas personas a ver que tenían un espacio y que no eran votantes aislados sino una masa con un peso específico e importante. Que no pasaría nada si les votaran porque ya había muchos que lo harían. 

Irresponsables todos. Esas ideas antidemocráticas, contra las mujeres y los migrantes no recibieron reprobaciones en el momento que tocaba y el discurso iba calando en las televisiones y los hogares españoles. Se pueden alegar mil pretextos (injustificables) pero no sé puede obviar su creciente legitimación ni se deberían depurar responsabilidades colectivas.

Volvemos a la conversación de WhatsApp. Las reprobaciones a Vox aflojan y aparecen discrepancias. Uno de los jóvenes responde que no considera que el partido de ultraderecha muestre odio al migrante o a la mujer. Reconoce que hace un tiempo no era partidario de sus ideas porque protegían a los ricos y eran muy liberales, pero estaba de acuerdo con un argumento de un tertuliano de televisión: en el momento que llegaran de forma un tanto generalizada a la clase trabajadora, subirían espectacularmente. Para él, Abascal mostró una postura en el debate cercana a ese estamento social y ello le hizo triunfar. 

La extrema derecha lleva años asentada en Europa, especialmente, a partir del curso 2014-2015. La Unión Europa no gestionó la complejidad de la cuestión migratoria por ningún lado. Los acuerdos con Turquía, y posteriormente Libia han demostrado la incapacidad de los gobiernos europeos de aplicar políticas migratorias suficientes para mostrar una ayuda verdadera. Por si fuera poco, la llegada de refugiados sirvió a los xenófobos para crear una cultura del odio al migrante y partidos políticos propios con los que han cogido base social y basar. El racismo se ha convertido en un tema recurrente de las campañas electorales, en los parlamentos, y sobre todo, en los medios de comunicación. 

Otra causa general es la incapacidad de cumplir promesas por parte de los partidos tradicionales en general, y de la socialdemocracia en particular. Europa no ha mostrado ninguna capacidad de solucionar problemas dentro de sus sociedades y las desigualdades han aumentado año a año. Esta situación ha generado terreno y abono para el surgimiento de la extrema derecha.

Las políticas neoliberales, los recortes, la crisis, el paro y la corrupción no han mitigado el malestar de las clases sociales más precarias. Por eso, para muchas personas la extrema derecha europea, y Vox ahora (no en su nacimiento), va más allá del eje izquierda-derecha. 

Pero, no nos engañemos. En el triunfo de Vox aparecen una causas particulares e internas del Estado español ajenas a las causas más de tipo general comentadas anteriormente. El domingo por la noche, Abascal comenzó su discurso de la siguiente forma: “Buenas noches y arriba España”. El patriotismo curandero de todos los males del país es fundamental para muchos votantes. En una época en la que los sentimientos nacionales laten con contundencia, el discurso de las banderas cala muy hondo. El nacionalismo de Vox muestra una forma de entendimiento de la patria con una clara analogía con el franquismo y la Iglesia. Eso sirve para empatizar con millones de españoles que mostraban simpatía (y hoy en día, todavía mantienen esa postura) con la dictadura.

El partido de ultraderecha tiene ese relato arcaico que para mucha gente simboliza anhelo y nostalgia, en vez de tormento o motivo para exigir justicia por las víctimas del franquismo. 

Otra causa interna del auge de Vox se encuentra en Catalunya. El incremento de los votos en territorio catalán no solo se produce por el contundente discurso antimigratorio, sino por el fuerte anticatalismo latente en sectores de la sociedad. En unas elecciones tan polarizadas y con la cuestión identitaria tan presente, el partido de Abascal ha cogido el testigo de Albert Rivera en las elecciones del 21-D de 2017 y ha ocupado ese nicho electoral. 

En estos segundos comicios, la gente ha radicalizado, aún más, sus opiniones y el ejemplo de polarización está en la conversación de WhatsApp. Uno de ellos exponía un camino ante la inacción: contundencia en el voto para evitar más inacción de la socialdemocracia y «Combatirla para hacer más justicia».

Como se ha mencionado, ambos votaron a Podemos; sin embargo, este chico proporcionó un senador a Vox porque es “mi pequeño granito de arena” y “por lo menos su ascenso reflejará el malestar con la migración”.

La extrema derecha del Estado español, en el contexto europeo de los partidos ultraconservadores, pero también de la herencia del patriotismo más duro, ha llegado a ser una suma de diversos factores. Lamentablemente, tiene una base social y, en muchos lugares, joven. No son solo ricos ni gente que piensa en blanco y negro y sus razones de voto muestran complejidades y motivos varios. Su crecimiento parecía limitado, de hecho, lo es pero, esos límites, considerados frágiles, se han ido ensanchando. 

 

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