Verónica:

Asha Ibrahim Dhuhulow, una niña de 14 años en Somalia, es violada por tres guerrilleros de las milicias integristas de Al Shabab. Esta es juzgada y lapidada. (el hecho) Dejará claro al resto de clanes minoritarios quién manda.

Realmente bestial, pero por lo visto así es como queremos que funcione nuestra sociedad.

En Iveco, Verónica aparece en una grabación sexual con un compañero. Aquí somos más civilizados: hacemos correr la grabación hasta las puertas de su casa, y que se espabile. “Tiene que entender que trabaja en una empresa de hombres”, la gran frase con la que se esconde cualquier injusticia o agresión hacia una mujer.

Ya sabemos cómo acaba. No se trata de un caso aislado. Ante tal desesperación, otras muchas han corrido con la misma suerte: el suicidio.

Hablamos de un ataque directo a la integridad, al sentimiento de seguridad de una persona en la esfera más íntima: la sexualidad. Estamos hablando de una violación. Este tipo de agresión se llevará acabo gracias a la tecnología, una cámara cuanto más pequeña mejor o a falta de esta, un móvil. Serán utilizadas para grabar la intimidad sexual de la víctima con el agresor.

A día de hoy, se conocen páginas web especializadas en compartir este tipo de información de estas mujeres, sumámdose:  gustos, aficiones, por dónde se mueve… No hay desperdicio, sin hablar del tipo de comentarios que se generarán en la web. El anonimato y lo vulgar son claves. Incluso, pueden llegar a hackear el móvil o el ordenador de la víctima. Por supuesto, todo ello sin que ella se entere, ya que la mayoria no nos prestaríamos a algo así.

Esta persona dejará de ser anónima, y por lo tanto, vulnerable. Lo más indignante es que la información nunca desaparecerá de las redes.

Vendría a ser lo mismo que un grupo de WhatsApp, de según que tipo de hombres, conocido como sexting. Pobre la mujer que caiga en sus manos, no solo por las burlas a las que será sometida, humillaciones e insultos. Cualquier desaprensivo tendrá una información útil para poder acercarse, con el objetivo de intimar con la víctima.

Si un nuevo agresor se incorpora, seguirían con más grabaciones, videos o fotografías… Quién sabe si añadirían agresiones físicas para el divertimento del grupo. Lo más importante es reírse. No estamos hablando de casos aislados.

Aunque parezca mentira, en empresas mayoritariamente formada por hombres, es el lugar más habitual para estas agresiones, que serán tomadas como un juego. Seguramente la víctima sea la única que no pueda llegar a entender algo así, ya que en su entorno laboral la situación estará silenciada, y al mismo tiempo, normalizada. Este tipo de trato vejatorio vendrá de todo el que participe de esta información. Y creanme, no serán pocxs.

Es muy importante denunciar ya que el silencio solo beneficiará a lxs agresorxs y proporcionará nuevas e incredulas víctimas. No creas que estás sola, no te dejes amedrentar, no te culpabilices!

Posiblemente en nuestra misma empresa, podría pasar algo por el estilo, aunque tengamos un departamento muy competente, informado y sensibilizado para zanjar cualquier tipo de acoso. No olvidemos que una empresa tiene su responsabilidad para con sus empleadxs.

No intento acusar a nadie de desidia o poca profesionalidad, pero, un departamento destinado a custodiar la integridad y seguridad de la mujer, ante este tipo de agresores, sería muy acertado.

Lo cierto es que estamos muy habituados a la agresión de una mujer, normalizándolo. En la gran mayoría, las víctimas no pueden ni denunciarlo por falta de pruebas, o por falta de apoyo. Seguramente, gracias a la habilidad del agresor en manipular toda esta información, tan acostumbrados a ello. Pero, si algo nos enseña el patriarcado, tan integrado en nuestra cultura, es lo fácil que es culpabilizar a la mujer y justificar al hombre.

En otros casos hemos podido ver, como lxs agredidxs han podido sumar fuerzas, para llevar a unos cuantos curas hasta el juzgado, o el movimiento #metoo, el cual puso en jaque al productor de cine Harvey Weinstein.

Solo intento despertar conciencias y hacer un llamamiento a mis compañexrs, a los sindicatos y la empresa, porque algo así tendría que ser inconcebible.

¿Por qué dónde estaría el respeto, la ayuda mutua, la comprensión…”el compañerismo”?.

Utopía o no, todo empieza por cada unx de nosotrxs.

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