Taliban, de una organización terrorista a un factor de estabilidad en Afganistán Las conversaciones entre representantes talibanes y estadounidenses han avanzado durante la semana. Esta tentativa de paz se ha tomado más en serio por el nombramiento por parte de los insurgentes de uno de sus miembros fundadores: el mulá Ghani Baradar. El Gobierno afgano ha manifestado que un posible proceso de paz en el país no se puede entender sin la inclusión del Ejecutivo en las negociaciones.

Estados Unidos retirará las tropas de Afganistán 18 meses después de la firma del acuerdo de paz provisional con los talibanes. El país norteamericano ratificará su postura y sellará el borrador a cambio de una promesa de los insurgentes. El grupo (Estados Unidos lo considera organización terrorista) no permitirá la llegada -al país afgano- de grupos terroristas como Al Qaeda, altos cargos (funcionarios) talibanes y diplomáticos occidentales 

La posibilidad real de un acuerdo final llegó en la cuarta jornada de negociaciones (el pasado jueves) bilaterales entre una delegación liderada por el enviado de paz estadounidense, Zalmay Khalilzad y funcionarios talibanes en Doha -Qatar- (donde los insurgentes han mantenido una oficina).

Funcionarios talibanes y diplomáticos occidentales dijeron el jueves que el acuerdo era inminente”

Talibanes en zonas de entrenamiento / InfoTalQual

El Gobierno afgano no criticó (públicamente) las novedades ni las líneas del acuerdo. Sin embargo, el Ejecutivo defiende que cualquier negociación ante décadas de conflicto debería tener una salida pactada y de modo directo entre gobierno y talibanes. Los insurgentes no han accedido a la premisa.

En las conversaciones, Estados Unidos ha hecho (al parecer) concesiones concretas a cambio de compromisos talibanes. Los observadores y expertos no creen que los militares afganos puedan enfrentarse a la organización terrorista sin el apoyo de los estadounidenses. Por tanto, la salida del país invasor perjudicaría a las fuerzas de seguridad afganas.

El acuerdo también prevería un alto el fuego apoyado por los talibanes en Afganistán y la liberación de algunos prisioneros tanto de Estados Unidos como de los insurgentes autóctonos. Los funcionarios talibanes informaron sobre las conversaciones bilaterales tras los primeros cuatro días, pero no confirmaron el contenido de las reuniones (han esperado a la publicación de una declaración oficial). El debate en Doha se ha centrado en dos temas principales: la retirada de tropas (estadounidenses) y la promesa de que no se atacará a nadie en suelo afgano (esto último conlleva a olvidarse de Afganistán como base terrorista).

A pesar del crecimiento de las aproximaciones, desde Quetta -Pakistán- (lugar del liderazgo del grupo talibán) han confirmado que era demasiado pronto para hablar de acuerdo completo.

Retirada de tropas e intercambio de prisioneros

La agenda se ha centrado principalmente en la retirada de tropas, en la que la parte estadounidense ha mostrado cierta flexibilidad (pese a ello, todavía no las ha retirado).

Según una publicación de The New York Times, Nazar Mohammad Mutmaeen, un analista político afgano afirmaba que los estadounidenses han insistido en la necesidad de un acuerdo de alto el fuego por parte de los talibanes, paralelo al trato sobre la retirada de las tropas de EEUU.

El otro tema importante en las conversaciones ha sido el intercambio de dos estadounidenses bajo la custodia de los talibanes”, declaraba Mutmaeen. “Los estadounidenses están pidiendo la liberación inmediata de uno de estos dos, que está enfermo. A cambio, los liberarán a algunos prisioneros talibanes. Las conversaciones aún no han terminado, así que no puedo confirmar que ambas partes estén de acuerdo en retirar las fuerzas extranjeras “, informaba el experto  al rotativo neoyorquino el pasado jueves.

Ambos prisioneros podrían ser dos profesores de la Universidad Americana de Afganistán, uno estadounidense y el otro australiano, secuestrados en 2016.

Insurgentes tumbados en el suelo -entrenamiento- / InfoTalQual

Estados Unidos creyó derrotar a los talibanes en Afganistán. Estos salieron del poder con la invasión extranjera  (en busca de Bin Laden, tras el 11-S) y volvieron a los montañas. Durante años, se rearmaron y prepararon su reaparición en los grandes núcleos de población afganos.

Incluso, Barack Obama anunció la retirada de tropas. Sin embargo, el mandatario estadounidense incumplió las promesas y mantuvo en el terreno a un número considerable de efectivos. Los talibanes resurgían y mantenían el estatus de principal grupo insurgente en el país. Estados Unidos ha fracasado en el intento de derrotar militarmente a los talibanes, Por tanto, han optado (apoyados por la Unión Europea) por un proceso final negociado, en detrimento de la intervención militar.

En el terreno diplomático han surgido preguntas sobre la representación talibán: ¿Quién habla (mesa de negociación) en nombre de la organización terrorista?

Los insurgentes anunciaron como negociador a uno de sus líderes fundadores, el mulá Abdul Ghani Baradar. Ghani ha destacado como el principal representante en las conversaciones de alto nivel que han alcanzado una etapa avanzada. El nombramiento de uno de sus principales rostros históricos muestro un claro síntoma de la seriedad con la que los talibanes se han tomado el proceso de negociación de Doha.

Diplomáticos occidentales en Kabul también dijeron que esperaban un anuncio inminente sobre el acuerdo (el jueves estaba casi cerrado). Pero a última hora del día, la única declaración que ofrecieron los talibanes fue acerca de nombrar a un nuevo negociador de paz -Baradar-. : Este movimiento es para fortalecer nuestras negociaciones con la parte estadounidense”, leyó el Talibán en un comunicado. Sin embargo, no estaba claro por qué se hizo un cambio tan importante en una etapa crítica de las negociaciones.

Quién es el mulá Ghani Baradar

Mullah Baradar es conocido como un teniente del líder supremo fundador de los talibanes, el mullah Muhammad Omar. Que un destacado líder talibán haya dirigido las conversaciones fue una señal de que la ronda de contactos mostraría resultados. Después de más de 17 años de guerra (la más larga de Estados Unidos), las partes (talibanes, EEUU y Gobierno afgano, aunque el último no partícipe en la mesa) están interesadas en adquirir un compromiso verídico. Los combatientes quieren la retirada de los militares estadounidenses y el país invasor busca garantías de seguridad.

Abdul Rahman, un comandante talibán en el distrito de Darqad, en la provincia de Takhar, en el norte, dijo que el mulá Baradar había mantenido su autoridad como uno de los principales líderes del grupo, a pesar de pasar varios años bajo la custodia de los pakistaníes: “Sus decisiones serán aceptables para nosotros, y su experiencia pasada significa que manejará bien el proceso”, afirmaba Rahman. .

Baradar coincidió a Muhammad Omar (desde la década de 1980) en el mismo grupo guerrillero durante la lucha contra la invasión soviética. Durante el régimen talibán (a partir de 1996), el nuevo representante diplomático adquirió liderazgo e incluso cargos como gobernador y comandante militar de alto rango.

Tras la invasión estadounidense del 2001, Baradar realizó los primeros intentos de paz (solo esfuerzos porque EEUU no negoció). Con el paso de los años y la normalización de la presencia del país invasor,los talibanes se reagruparon y se escondieron en refugios a través de la frontera de Pakistán.

En 2010, el mulá Baradar fue arrestado por la inteligencia pakistaní (sus contactos con el Ejecutivo afgano para negociar enfadaron a Pakistán).

Cuatro años más tarde, los talibanes establecieron una oficina de negociación en Doha.

En 2015, los funcionarios afganos se reunieron en una ciudad turística pakistaní con una delegación que representaba al líder talibán, el mulá Omar. Días más tarde, se reveló la muerte del mulá Omar (ya hacia años del fallecimiento).

La liberación del mulá Baradar de la custodia paquistaní en octubre de 2018), y su protagonismo en las negociaciones de paz, también se consideran un signo de la cooperación pakistaní después de años de presión económica y diplomática.

Según funcionarios de seguridad paquistaníes, tanto el primer ministro del país como el jefe del ejército (Pakistán es un Estado militarizado) presionaba para ayudar a Estados Unidos con el proceso de paz afgano. Baradar formaba parte de ese grupo que buscaba el acuerdo de paz.

El Ejército pakistaní mantiene influencia sobre los talibanes y ha apoyado relaciones con Irán y Rusia. Desde los talibanes afirman que el borrador mantiene implicaciones amplias para la vinculación de Afganistán con las potencias regionales (India y China, entre otros). Los estadounidenses y los afganos han instado a Pakistán a desempeñar un papel más importante en la persuasión a los talibanes para la consecución de la paz. Los talibanes dependen de Pakistán para los santuarios y mantienen cooperación con el ejército paquistaní y su agencia de inteligencia.

El momento de retiro estadounidense: 18 meses, según fuentes afganas

“En 18 meses, si se retiran las fuerzas extranjeras y se implementa un alto el fuego, se pueden poner en práctica otros aspectos del proceso de paz”, afirma una fuente talibán en la agencia de noticia Reuters.

Los expertos visualizan la retirada a corto termino de las tropas estadounidenses como una herramienta verdadera hacia una paz (no moribunda), real, o al menos, un clima de no agresión.

El enviado especial de la Unión Europea para Afganistán, Roland Kobia, afirmó que la UE había ofrecido mediación en la consolidación de un futuro acuerdo. “Esta actividad diplomática y política ha creado dimensiones totalmente nuevas”.

Los funcionarios estadounidenses no se han pronunciado sobre el estado de las conversaciones en Doha. Solo confirmaron la cercanía hacia un acuerdo en el cual los talibanes renunciarían a sus vínculos con los grupos terroristas internacionales y se comprometerían a que Afganistán no fuera el punt de partida en los ataques contra Estados Unidos (como hizo Al Qaeda en 2001).

A pesar de los avances, la distensión no se ha desarrollado aún en algunos ámbitos como: la declaración del alto el fuego de los talibanes y la reunión entre los insurgentes y el gobierno afgano para el desbloqueo de la situación entre los actores autóctonos.

Según Reuters, “Estados Unidos tiene unos 14,000 soldados en Afganistán como parte de la misión dirigida por la OTAN, conocida como Apoyo Resoluto, así como una misión estadounidense contra el terrorismo dirigida a grupos como el Estado Islámico y Al Qaeda”.

Las conversaciones se han producido en medio de la creciente preocupación (por parte de los funcionarios afganos) por la amenaza de una reducción de tropas estadounidense. En diciembre, Trump ordenó a los funcionarios del Pentágono la salida de aproximadamente la mitad de los soldados en el país (7.000 unidades). La orden de retiro acabó con la dimisión del secretario de Defensa Jim Mattis, partidario del mantenimiento de tropas tanto en Siria como en Afganistán.

A pesar de la postura severa e inamovible de Trump, la orden de abandonar territorio afgano no se ha emitido todavía.

Detrás de la preocupación afgana sobre la retirada de Estados Unidos está la convicción en muchos sectores de que los militares afganos tendrían dificultades para enfrentarse a los talibanes sin el apoyo militar estadounidense. Las fuerzas de seguridad del país asiático no pueden defender a la ciudadanía de los talibanes y otros grupos insurgentes. Necesitan el apoyo del actor invasor.

El presidente Ashraf Ghani ha defendido la necesidad de una mesa de negociaciones bilateral, pero entre talibanes y Ejecutivo afgano.

Talibán, apuntando / InfoTalQual

Si bien el rechazo por parte de los talibanes de grupos como Al Qaeda puede parecer una pequeña concesión, es un tema delicado y a largo plazo. Para el movimiento yihadista global, los talibanes son una especie de rama de Al Qaeda en Afganistán. De hecho, a raíz de las negociaciones de Doha, Estado Islámico está llevando una campaña en la red acusando a los talibanes y Al Qaeda de traidores y apóstatas. Por tanto, la desvinculación de los combatientes talibanes de Al Qaeda parece una quimera. 

El uso de Afganistán (por parte de Al Qaeda) para organizar los ataques del 11 de septiembre fue la razón por la que Estados Unidos invadió ese país. El régimen talibán en el poder acogió a los extremistas y mantuvo lazos afectivos con sus líderes, incluido Osama bin Laden. Además, el grupo insurgente nunca condenó a la multinacional terrorista ni a Bin Laden (popular entre los líderes locales afganos). Por tanto, aunque los talibanes han reiterado que no tienen vínculos con la organización terrorista global, su trayectoria hace pensar lo  contrario. 

Talibán ha rechazado la presencia del gobierno afgano en las negociaciones. El presidente Ashraf Ghani lo ha lamentado: “desde mi llegada al poder, han muerto 45.000 soldados y agentes de seguridad”.

Los funcionarios afganos advirtieron que todavía había numerosos pasos por dar en el proceso de paz. Por su parte, los funcionarios estadounidenses probablemente insistirán en que los talibanes entablen conversaciones cara a cara con el gobierno afgano (muy dividido). El reto del país requiere implicación activa de la totalidad de los actores: enterrar o al menos marcar una línea gris en el camino de su historia y, sobre todo, de su población, víctimas del conflicto endémico (desde 1979) y del ascenso de los talibanes al poder y la política (desde 1996).

Nuevas conversaciones sobre el borrador entre talibanes y estadounidense tendrán lugar en febrero.

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