Que viene la ultraderecha La semana ha dejado neofascistas en las calles de Catalunya y los últimos sondeos sitúan a Vox entre las cuatro primeras fuerzas para las elecciones del 10-N

Los grupos de ultraderecha no solo existieron durante el franquismo y los años de la Transición. Nunca se disiparon, sino que se reciclaron en votos para partidos políticos y en actuaciones aisladas y en lugares concretos. Así, hasta el día de hoy.

 

En la actualidad, no son cuatro gatos. El jueves se celebraba una concentración de neofascistas en la plaça Artós de Barcelona. Tras el encuentro, cientos de personas anduvieron durante varios kilómetros con sus banderas con águilas cosidas y objetos para agredir como palos, bates y hierros a quiénes encontraran por la calle. El grupo se personó ante los CDR y cantó el ‘Cara el Sol’.

Las fuerzas de seguridad no actuaron en esos minutos. De hecho, hay un vídeo en el que un mosso d’Esquadra muestra connivencia con uno de los ultras. Un joven antifascista recibió una paliza por la inacción policial.

 

El auge de la extrema derecha en Catalunya y el Estado español no se ha personado en calles y manifestaciones únicamente. La far right también ha tenido una notoriedad extra reciente en el ámbito parlamentario. La evolución mensual del voto muestra dos fuerzas políticas por encima del resto: el Partido Popular y Vox.

 

Según la encuesta Sigma Dos de El Mundo, Vox se convertiría en la tercera fuerza superando a Unidas Podemos y Ciudadanos. El grupo de extrema derecha obtendría el 11,5% del total de los votos y 36 escaños. Esto supondría un aumento tanto en el porcentaje de voto como en el número de diputados. En las elecciones de abril de 2019, el partido de Santiago Abascal cosechó 10,5% y 24 parlamentarios.

Los datos de Celeste-Tel  sitúan a Vox y Ciudadanos en la disputa por la cuarta posición. El partido de ultraderecha mantendría los 24 escaños. Este sondeo no muestra una posible subida de diputados como en Sigma Dos, pero evidencia la recuperación de posiciones en su nicho electoral y el asalto a otros como del Ciudadanos y el Partido Popular.

Desde el lunes, el día que salió la sentencia del juicio a los líderes políticos independentistas y a activistas como Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, Vox tildó el fallo del Tribunal Supremo como “vergonzoso”, por ser demasiado blando. Sobre Torra, el partido de Abascal comunicó que debería “ser esposado y encarcelado”. También, el grupo tuvo palabras para el Gobierno de Pedro Sánchez por “dejación de funciones por puro cálculo electoral”.

Las escenas del aeropuerto y los altercados de las noches también se han convertido en el mejor alimento para la ultraderecha. El mismo día del fallo del Supremo, miles de manifestantes llegaban al aeropuerto de El Prat. La excepcionalidad no quedó ahí. Durante la semana, se produjeron altercados en las principales ciudades catalanas, especialmente, en Barcelona. Los disturbios de la noche dejaron imágenes impensables hace días y semanas y una respuesta desproporcionada y violenta de los cuerpos policiales. Esa agitación y ese desgobierno del espacio público proporcionaron imágenes de descontrol, inestabilidad y supuesto miedo para muchos ciudadanos. Ese discurso de la inseguridad lo ha aprovechado la derecha y la ultraderecha para sacar más rédito de su posicionamiento político.

La sociedad española destaca por una cultura conservadora y a la mayoría le cuesta entender las manifestaciones en diferentes ciudades españolas como Madrid, Sevilla y Bilbao en contra de la sentencia del TS y a favor de los presos catalanes.

La semana ha sido convulsa para mucha gente. Precisamente, esos ciudadanos son los mismos que no han cuestionado los discursos de los gobiernos de los últimos cuarenta años y encuentran inestabilidad en protestas y manifestaciones como las mencionadas.

Ante el peligro de esa ‘vida’ tranquila y la ‘desprotección’, la extrema derecha asoma como salvadora y principal valedora de la contundencia y la represión permanente, es decir, la proporcionada por los estados. Partidos como Vox, no es el único, apelan a la unidad de la patria, en este caso, española, como cura y panacea de todos los males.

Además, los medios de comunicación españoles han mostrado una versión totalmente sesgada, partidista y manipulada de la complejidad de los hechos acontecidos en Catalunya durante la última semana.

Telediarios donde las imágenes de disturbios e incendios se prolongaban una y otra vez. No aparecía ni una sola de las muchísimas provocaciones policiales ni ninguna detención arbitraria de las realizadas por las fuerzas de seguridad, ni por supuesto, víctimas civiles. Esas empresas de comunicación sirven como canales de desinformación para millones de personas que construyen una imagen equivocada, o cuanto menos distorsionada, de la situación en Catalunya. Sin el más mínimo cuestionamiento a esas informaciones, la extrema derecha también vence a través de la mayoría de medios de comunicación.

El próximo jueves 24 octubre se producirá la exhumación de Francisco Franco. Los miles de españoles, por no decir millones, que aún veneran la figura del dictador se han mostrado disconformes por la decisión de sacarlo del Valle de los Caídos. Ese ‘malestar’ también puede traducirse en votos para la derecha radical.

 

El peligro se avecina y no está lejos. El auge no solo puede producirse a nivel institucional. Grupos de extrema derecha pasean por las calles con total impunidad, no solo las de Catalunya. Un mayor número de escaños para Vox, o el PP o Ciudadanos, proporcionará una representación política más destacada de esos colectivos. Eso no los tranquilizará ni los llevará a conformarse. Al contrario: un buen resultado los legitimará en sus ‘razones’ y tentativas para seguir asustando a la sociedad.

 

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