¿Por qué la sociedad no debe hacerles caso? Durante las crisis, la reacción de gran parte de la ciudadanía destaca por la solidaridad: desde la primera línea de contención de unos hasta la separación prioritaria de otros. Todo suma y nada sobra. El conjunto sufre las consecuencias. Por tanto, la queja no tiene utilidad y las reprobaciones protagonizan la soberbia durante los días clave porque ese tipo de intervenciones son desacertadas.

Las redes sociales y algunos medios de comunicación se inundan de críticas a los responsables de la gestión, básicamente los mandatarios del Gobierno central y las autonomías. También, personalidades del mundo de la cultura son atacados por los agitadores. Para los primeros, se lanza la flecha de la falta de previsión y planificación y de la inacción presente. Para los segundos, se golpea con la escasez de los gestos altruistas tras la verbalización permanente en otras causas.

¿Quiénes quieren el protagonismo? Algunos líderes políticos, especialmente de la oposición y ansiosos de poder; la derecha; la extrema derecha; las regiones con sistemas sanitarios más perjudicados durante este período (saqueados en el pasado); medios de comunicación voraces y egoístas con supuesta legitimación de atacar para cosechar objetivos, y personas insolidarias de a pie conectadas a la espera de vídeos y comentarios provocativos. Son minoría, aunque griten más.

Durante horas diarias, esta larga lista desvía la dirección real de la situación excepcional: la de centrar los apoyos, sean físicos o desde la distancia, a trabajadores sanitarios, del campo, de los supermercados, del transporte, de las residencias, y a voluntarios dentro y fuera de las casas. Son mayoría, aunque hagan menos ruido.

¿Quieren responsables? Que busquen en el ayer: privatizaciones, amiguismos, recortes, y corrupción hasta llegar a un sistema que ha fallado. Esto es, una precarización progresiva de los derechos a nivel estatal, pero también, a escala autonómica. La nefasta gestión ha llevado a una regresión progresiva de la justicia social y ha convertido el sustento básico en menos justo y menos social. El ejemplo de la Comunidad de Madrid es paradigmático.

El reconocimiento por parte de los mandatarios actuales y la sociedad civil de los errores supone la página inicial de la escritura de la solución de los problemas en una misma dirección: la construcción global, y no individual. No deben de aprender de muchos de los se quejan. Estos protagonizaron las inacciones (o las acciones premeditadas) y gozaron de un amplio séquito a nivel de alianzas empresariales interesadas y votos masivos, el triste apoyo social bajo el que se escudan.

Estas semanas, las superadas y las posteriores, cambiarán a las personas y dejarán enseñanzas y tristezas. Sin embargo, algunos sujetos involucionarán e irán a peor. Sus discursos cobrarán más decibelios y no les faltarán altavoces. La réplica necesitará la misma solidaridad y fuerza de los desprenden una insuperable humanidad. Porque algunos parásitos ponen en riesgo el presente y el futuro y demuestran una pretensión igual o mayor que la del COVID-19.

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