Netanyahu toma ventaja para gobernar tras el “empate técnico” con Gantz

La fuerza del actual primer ministro, Likud y la de Benny Gantz, Blanco y Azul, han cosechado 35 escaños cada una. Dos coaliciones, una de derecha y otra de centroizquierda, lucharán por el control del Knéset (Parlamento) más fragmentado de la última década

Las elecciones parlamentarias de Israel han mostrado la polarización recogida en las encuestas. Likud, el partido de Benjamin Netanyahu, actual primer ministro, ha conseguido 35 escaños de los 120 que componen la cámara legislativa. Los mismos diputados ha obtenido la fuerza del principal del principal opositor al trono de “Bibi”: Benny Gantz, más centrista y sin experiencia política, pero con visiones que convencen a la izquierda.

Tras los comicios, el “empate técnico” supone la obligación de la formación de alguna coalición para sumar la mayoría parlamentaria, establecida en 61 escaños.

Pese a la igualdad, Netanyahu ha tomado la delantera por dos razones. Primero, Likud ha logrado un porcentaje mayor de votos (26.27%) que Blanco y Azul (25.95%), y presumiblemente, se le legitima la prevalencia de formar gobierno, al ser la fuerza más votada. Segundo, en las alianzas con los partidos minoritarios, el primer ministro tiene pactos más avanzados y numerosos que los de Gantz.

En uno de sus peores momentos políticos por los escándalos de corrupción, “Bibi” ha optado por girar a la derecha, aún más. La búsqueda de aliados políticos de Netanyahu ha encontrado los mejores socios para un eventual gobierno en los nacionalistas; la extrema derecha; los religiosos ultraortodoxos, y los defensores de la ocupación (en Palestina). Por su parte, Gantz se ha mostrado más pragmático y no ha desechado ninguna posibilidad, apoyándose tanto en el centro como en la izquierda políticos.

La presumible suma del bloque conservador llegaría a 65 representantes en el Knéset, mayoría absoluta: Likud (35); Unión de la Derecha (5), extrema derecha; Israel Nuestra Casa (5), ultraconservador; los ultraortodoxos de la Unión por la Torá y el Judaísmo Ultraortodoxo (8) y Shas, grupo sefardí (8), además del centrista Kulanu (4).  

El conjunto del bloque de centroizquierda, liderado por Gantz quedaría con diez menos, 55 escaños: Blanco y Azul (35), centro; Partido Laborista (6); Meretz, izquierda (4); y los grupos árabes Raam-Balad (4) y Hadash-Taal (6).

La tercera opción situaría a Likud y Blanco y Azul en el mismo bando. Este hipotético escenario se produciría en caso de que hubiera desavenencias con los partidos pequeños. Únicamente, 10 de las 39 fuerzas políticas candidatas al Knéset han logrado el umbral del 3,25% de los votos que permiten la representación parlamentaria. El mínimo para entrar en el Parlamento conlleva la obtención de 3 escaños. Apenas se contempla la alternativa de unirse ambos partidos ganadores de los comicios en una sola fuerza

Los ganadore(s)

Netanyahu es el ahijado de EEUU y Donald Trump. “Bibi” ha creado una economía fuerte a causa del apoyo Occidental. Además, ha aguantado ante las acusaciones de corrupción, la caída de los índices de popularidad y la reprobación de amplios sectores de la población, sobre todo, los habitantes de los territorios árabes. El primer ministro ha salido airoso y, además, con posibilidades reales de gobernar de nuevo. De momento, tiene 42 días para formar gobierno desde el día después de las elecciones.

Benny Gantz ha llegado a la política recientemente, tras una trayectoria militar: jefe de personal de las Fuerzas de Defensa de Israel y teniente general retirado. Gantz intentó que la acusación de corrupción a Netanyahu se convirtiera en un factor definitivo. Probablemente, la tentativa, del líder de Blanco y Azul, de conseguir “una victoria definitiva” contra Netanyahu y los conservadores no se consuma. Sin embargo, el hecho de sembrar la duda de un posible desalojo de “Bibi” del gobierno ha supuesto un paisaje incierto tanto para Likud como para el propio primer ministro.

Los bloques serán clave y jugarán un papel definitivo los partidos minoritarios y con poca representación parlamentaria.  En esa cuestión, Netanyahu ha tomado ventaja por los acuerdos con los partidos de derecha.

Los votantes árabes y la cuestión palestina

El boicot de los votantes árabes ha perjudicado a los partidos Hadash-Toal y Raam-Balad, con seis y cuatro escaños, respectivamente. Un portavoz de Raam-Balad, Mtanes Shehadeh, ha declarado que «la derecha está planeando aplastar a los partidos árabes, quiere eliminarnos de la arena política” (…) “Este es el sueño de Netanyahu”.

Decepcionados con el primer ministro y con las alternativas, los grupos palestinos han mostrado la disconformidad con una participación bajo mínimos históricos. Para Saeb Erekat, el secretario general de la Organización de Liberación de Palestina, los resultados muestran que “los israelíes han votado para preservar el status quo, han dicho» no «a la paz y» sí «a la ocupación».

La cuestión de la ocupación israelí en territorios palestinos, Cisjordania y la Franja de Gaza, ha protagonizado algunos de los puntos más complejos de la campaña electoral. Netanyahu ha defendido la anexión de los asentamientos de Cisjordania. Además, Likud ha puesto cámaras en las zonas de población árabe para controlar las votaciones. En contraste con el partido gobernante, Blanco y Azul no se opone a la presencia de asentamientos palestinos. A pesar de ello, Gantz no se ha mojado en la cuestión de los dos estados, uno israelí y otro palestino. Por tanto, la población árabe no se ha decidido todavía a apoyar, definitivamente, la coalición contra “Bibi”, porque no saben si el remedio será peor que la enfermedad.

El caballero de occidente y el nuevo aspirante

Netanyahu parece estar mejor posicionado para formar un gobierno, ya que los partidos minoritarios de derecha y religiosos ultraortodoxos han ganado más escaños que los árabes, los centristas y los partidos de izquierda.

Los cambios en los próximos días pueden generar alguna alteración en los resultados. Votantes de última hora y no contabilizados en el 97% escrutado como ciudadanos de las poblaciones árabes, soldados, prisioneros y pacientes de hospitales podrían alterar, mínimamente, los números finales. A pesar de ello, las votaciones del martes 8 de abril no han significado el punto y final a la incertidumbre de quién gobernará en Israel en la próxima legislatura, sino el principio de un largo camino hacia un bloque ganador.

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