Najat el Hachmi: “A las mujeres, les aconsejaría que pusieran en común sus experiencias”

La escritora nacida en Nador, Marruecos, y residente en Vic, presenta el ensayo ‘Siempre han hablado por nosotras’, una reivindicación feminista en la que destaca la lucha por la libertad y la denuncia de la discriminación. El Hachmi lamenta que “hemos dejado de transmitir algo muy básico: ser una sociedad democrática y laica”

Cuando escribe “Siempre han hablado por nosotras” … ¿A quién hace referencia ese ellos, elíptico, del título?

Hace referencia a muchísima gente que habla por estas ‘nosotras’, que somos mujeres procedentes de familias musulmanas y reivindicamos un feminismo laico sin ningún tipo de limitación. ‘Ellos’ son: desde los padres de familia cuando salían, en su momento, a justificar el machismo en el que vivíamos hasta los imanes de las mezquitas y los expertos en religión. En las sociedades árabes musulmanas, estos últimos aparecían en los medios para contar esta realidad. Además, últimamente, hablan por nosotras dos nuevos perfiles que están teniendo mucha presencia pública: las mujeres ‘hiyabistas’, mujeres con pañuelos. Lo utilizan de una manera política y niegan la discriminación que hemos sufrido. Hasta hace muy poco no hemos comenzado la lucha contra esta discriminación. Y también, ciertos sectores, no todos por suerte, de una izquierda relativista que, considera que, en el caso del islam, hay que tolerar cosas intolerables para la sociedad en general. Entonces, ahí veo un peligro: no solo a nivel feminista, porque se está negando el machismo, sino que se está ‘religionizando’ la esfera pública y, sobre todo, el ámbito de la política. Se permite y, además, se estimula que, para los musulmanes, el hecho de ser musulmán se convierta en algo políticamente significativo. Y es peligroso porque nos acerca más a órdenes de tipo teocrático. No entiendo esa tibieza de algunos dirigentes políticos hacia esas realidades que hemos sufrido las mujeres y aún sufren muchísimas niñas, chicas y mujeres que no pueden salir ni alzar su voz contra esto porque tienen encima, no solo la presión de la familia, como la teníamos hace treinta años, sino también la presión de este montaje que se ha montado.

Comienza el ensayo con la siguiente oración: “si digo feminismo, digo libertad”. Inmediatamente, lo matiza. ¿Cómo se deben comprender ambos conceptos?

La libertad solo existe si no hay discriminación ni violencia. Es decir, si la mujer no ocupa un lugar distinto al del hombre. Mientras existan mecanismos que nos releguen a un segundo lugar, no podemos hablar de una libertad real. La libertad es poder pasear por la playa, vestir como quieras, relacionarte con quién quieras, y elegir sobre tu vida afectiva y sexual. Hacer un montón de cosas que, a día de hoy, a las mujeres se nos restringen y prohíben. Para mí, el feminismo ha sido muy liberador: el pensamiento que me ha permitido reclamar esos derechos. Pero, al mismo tiempo, no hablo de un feminismo liberal. Aunque el feminismo sea libertad, no me refiero de la libertad de escoger cualquier cosa. Se nos mete en la trampa de aceptar discriminaciones. La libertad no trata de elegir entre muchas opciones y que cualquiera valga. Libertad significa justicia e igualdad. Esto es, luchar contra un sistema patriarcal que nos oprime. Entonces, a partir de la idea liberal del «yo decido y cualquier cosa, está bien», se infiltran discursos que legitiman el uso del velo, del burka, y de otras cosas que tienen una carga patriarcal indudable.

En la publicación, menciona que, además de aceptar la sumisión, esta misma se defiende como rasgos identitario, cultural y religioso. ¿Por qué esos elementos de representatividad se sitúan por encima de la libertad, los derechos humanos o la denuncia de la discriminación?

Porque es un discurso que se ha propagado en los últimos años. En un momento, incluso llegué a tener en cuenta que muchas mujeres deciden por una cuestión identitaria ponerse en pañuelo y aferrarse a la religión. Pero analizándolo bien, pensaba «por identidad o religión, es una identidad de la discriminación de la mujer». Me estás diciendo que asumes, defiendes y propagas una identidad que, en ella misma, es una discriminación; aunque, para ti signifique otra cosa. Los significados de todo los definimos a título individual. Los símbolos se significan en el colectivo.  Una palabra que use no será lo que decida porque yo lo diga. Me tengo que poner de acuerdo con el resto del mundo. Entonces, creo que esa resignificación guarda falsedad y mentira. En la opinión pública, se sea o no musulmán, ha calado la idea de que para ser mujer musulmana tienes que llevar el pañuelo. Cuando tratan temas relacionados con las mujeres musulmanas, los medios siempre muestran a mujeres con pañuelo. Actualmente, en el Parlament de Catalunya hay dos diputadas que nacieron en Marruecos. Una de ellas, muy conocida, tiene una presencia pública importante. Sin embargo, fíjate en la otra diputada: no la ha entrevistado absolutamente nadie. Y es una de las dos primeras mujeres nacidas en Marruecos que han entrado en el Parlament. Las consecuencias son importantes (sin culpa de ellas): hemos decidido, colectivamente, que la única forma de visibilizar a una mujer musulmana es llevando un pañuelo. A eso también han contribuido los medios y la política. A nivel gráfico, resulta más sencillo poner un pañuelo que explicar el origen y diversidad de otra persona. Ahí veo un panorama peligroso. Estamos en un momento decisivo: tenemos la capacidad de decidir hacia dónde queremos que vaya la sociedad.

Medios de comunicación, estructuras políticas, tejido social, e incluso, el movimiento feminista utiliza el estereotipo de “mujer musulmana”. Y, además, lo empoderan.

Sí. Pero, ¿Sabes por qué? Porque se ha hecho un chantaje muy directo a esta mujer llamada ‘blanca occidental’. Se recurre a su posible mala conciencia: «Tú, me haces a mí, como mujer que pertenezco a otra cultura, lo mismo que los hombres te hacen a ti». Apelar a la culpa siempre sale muy efectivo. Pero es mentira que el problema de las mujeres musulmanas sean las mujeres no musulmanas. Mis problemas vienen dados por la tradición familiar, por la religión, por la cultura en la que he crecido. No tiene nada que ver con lo que haga o deje de hacer una mujer no musulmana. Por otro lado, me parece muy injusto porque, además, durante muchos años, la lucha antirracista ha ido de la mano de la feminista. Ahora, se acusa a ese feminismo de racista por no asumir lo que es claramente una discriminación de la mujer musulmana.

“La estrategia está siendo muy efectiva porque hay muchos sectores del movimiento feminista que consideran que, para ser diversos, plurales, e inclusivos, se tienen que incluir cosas como el ‘feminismo islámico’”

El ‘feminismo islámico’ es una propuesta de feminismo que se queda dentro de los límites de la religión. Entonces, no existe intersección posible entre el feminismo y el machismo. Hablamos de una estructura y un orden patriarcal. ¿Cómo se puede negar eso? En realidad, estamos ante unos discursos antifeministas disfrazados de feminismo. No le niego a ninguna mujer su derecho a conciliar sus creencias con sus demandas de igualdad. Pero, de ahí a que el ‘feminismo islámico’ sea representativo de las mujeres musulmanas y que, aquí, nos corresponda ese feminismo me parece una barbaridad. Es devolvernos otra vez a los límites de los que escapamos.

Por si fuera poco, una parte notable de la sociedad mira con recelo a mujeres (laicas) que denuncian la discriminación y no callan ante las injusticias.

Se han roto lazos de solidaridad que habíamos tenido, desde hace mucho tiempo, con las feministas en general. Ahora, nosotras somos las sospechosas. Es algo muy extraño: de repente, no me enfrento con los machistas de origen marroquí o de dónde sea, sino con algunos sectores del feminismo. Por suerte, una generación de feministas, un poco más mayor, no se ha dejado engañar. Pero, que nos cueste hablar de estos temas y se nos diga islamófobas, racistas, renegadas… La gente que lo dice, quizá se olvida de la misma carga de racismo que nosotras recibimos cada día. Llevo muchísimos años escribiendo y recibo comentarios en los que me mandan a mi país continuamente. Cada vez que escribo, escriba sobre lo que escriba.

A veces, hay desconocimiento de quién no está puesto en estos temas y existe mucha confusión. Debemos de hablarles a las chicas jóvenes porque ellas viven situaciones duras y dolorosas y, de eso, no nos podemos olvidar. Obviarlo significa la complicidad de esa injusticia y, en muchos casos, de esa violencia. Muchas no tienen la posibilidad de hablar. Nosotras, sí. Y, escribir y hacer cosas para que se conozca otra forma de entender el feminismo. No me habría imaginado que, a estas alturas, todavía estaríamos así.

También resulta una cuestión intergeneracional que afecta a todas las edades. Sobre las mujeres jóvenes que no pueden hablan … ¿Cuál es el perfil de esa mujer en un entorno en el que la religión y el hombre imperan y tienen una presencia destacada?

Creo que viven una situación casi esquizofrénica. Viven en una sociedad donde hay derechos para las mujeres, posibilidades y oportunidades. La gente tiene una libertad sexual y afectiva: se puede emparejar. Sin embargo, al mismo tiempo, se les dice que han de renunciar a esto por lealtad al origen o a la religión. Son cosas muy cotidianas y concretas. ¿Cómo compartes aula con compañeros y, después, sabes que tienes prohibido enamorarte de un chico que no sea musulmán? O, tener relaciones fuera del matrimonio. O estar en los tiempos del twerking y tener que preservar tu virginidad. Es una situación demencial.

El problema de fondo viene dado porque, en los últimos diez años, las posibilidades de progreso económico, lo que llamábamos ascensor social, está parado; o estropeado, pero no funciona. Existe una precariedad laboral y económica importante que condiciona, mucho más, la situación de estas chicas. Las oportunidades que puedan tener son más complicadas que antes de la crisis. Eso frena. Si tú lo único que tienes es tu familia … ¿Cómo vas a romper con todo y empezar sola en el mundo sin nada a lo que agarrarte, sabiendo que las condiciones generales son tan precarias? Se trata de un elemento que está ahí y, en parte, por eso, políticamente, no interesa abrir ese melón. Te tendrías que hacer cargo de la situación de exclusión… ¿Qué harías si esas chicas comienzan a rebelarse contra el orden que les ha tocado vivir?

Para ellas es muchísimo más difícil hablar ahora que hace treinta años. Antes no tenías voces que te chantajeaban de esta forma, o que te amenazan de la exclusión del grupo, con desterrarte, con el castigo o con situaciones más terribles. Y, es extraño porque, a la vez, son una generación que tiene más acceso a la educación que nosotras. Muchas más chicas van al instituto, la universidad y acceden al mundo laboral. Sin embargo, aparecen discursos que se infiltran y frenan esos avances de la mujer. Por supuesto, el fundamento islamista está presente desde hace tiempo y tiene el objetivo principal marcar a las mujeres, sus cuerpos, su presencia en la sociedad occidental no musulmana y que la religión esté por encima de cualquier otra consideración. Que lo único importante sea tu religión y no otra cosa. En este sentido, el fundamentalismo nos está desintegrando. Pero, también lo hacen las tradiciones familiares y las formas distintas de practicar el islam que vivimos.

¿Qué papel juega el islam político en contextos como el del uso del velo? ¿Qué consecuencias puede tener en Europa?

Me preocupan más las consecuencias para los musulmanes y las musulmanas que vivimos en Europa. Hemos escapado de regímenes teocráticos, más o menos rigurosos. En la actualidad, nos proponen aquí, otra vez, que el islam se convierta en algo político. Es una aberración. La religión debe ser domesticada por el orden ciudadano. No podemos dejar que la religión se convierta en algo político. De nuevo, estaremos en una teocracia. Aunque solo sea para los musulmanes porque quién no sea musulmán, le afecta poco. Aún así, hay que garantizar las libertades individuales y, estas, pasan por una domesticación del orden religioso.

¿Por qué se entiende el velo como un símbolo de liberación?

Yo no lo entiendo como tal. He leído entrevistas y libros que hablan de esto y nadie (ninguna) me responde. ¿Cómo va a ser liberador? Trasladar la segregación a algo que llevas sobre el cuerpo. Trasladar las normas de las que escapamos a algo que se lleva, no solo dentro del barrio, de casa o de la comunidad, sino que, además, se traslada a la vida pública. Expande los límites de lo religioso a ámbitos en los que no tenía presencia.

 “Hemos dejado de transmitir algo muy básico: ser una sociedad democrática y laica”

Menciona en el ensayo la importancia de la educación. En un contexto en el que el dogma religioso y la figura masculina lideran la libertad de pensamiento resulta complejo. ¿Qué problemas encuentra en el sistema educativo y de transmisión de valores en este tipo de sociedades?

¿En qué consiste ser una sociedad democrática en la que se separe la religión de lo político? Esto no sé enseña a los chicos. Crecen con la idea de que ellos pueden, políticamente, significarse como musulmanes. Si esto pasa con otras religiones nos parecería fatal; un peligro para la propia democracia. En cambio, con los musulmanes no pasa y conlleva un problema.

Después, tampoco educamos en feminismo. Y eso, tiene sus consecuencias porque cada feminista que habla tiene que volver a explicar y hacer pedagogía de cuestiones básicas. A día de hoy, oyes a alguien decir públicamente «No soy machista ni feminista». Y, piensas, «No has entendido nada. No te han contado bien lo que es el feminismo». Se trata de la lucha por la igualdad. Debe contarse también en el contexto de las familias musulmanas. Una de las cosas que aprecio es que ni a los chicos ni a los hombres les damos mensajes feministas. Tenemos que vigilar con no ser racistas e incluir la cultura del otro. Entonces, la consecuencia de este clima descrito muestra el siguiente panorama: hombres musulmanes a los que nadie les habla de feminismo y ni les señala su machismo. Si no se hace ese trabajo no se cambiarán las mentalidades. Vamos a educar a los chicos en feminismo, no en relativismo cultural y que el machismo sea algo que se puede defender culturalmente.

¿Por qué la izquierda se empeña en fomentar ese ‘feminismo islámico’ y relativiza ciertos comportamientos?

Históricamente, la izquierda ha tenido en consideración las demandas de las minorías. En este caso, se les ha hecho creer, que lo que representa esa minoría musulmana es esa islamización de lo público y ese relativismo cultural. Por otro lado, también existen centenares de miles de votos musulmanes que todavía no se han explotado y, supongo, que la izquierda cree que le corresponden, con base en la religiosidad de las personas y en las políticas. Cierta izquierda, porque no la totalidad del movimiento ha caído en eso.

¿Por qué el movimiento de mujeres feministas laicas es prácticamente invisible en Catalunya?

Se nos ha comido lo otro. Yo no era tan contundente ni me había posicionado de esta forma porque pensaba que el feminismo laico, entre el feminismo no musulmán, era lo imperante, y no el feminismo religioso. Entonces, daba por sentado que se haría extensivo a todas. No dices nada ni polemizas todo el tiempo con ciertos temas. Pero, cuando ves que se está instalando ese sistema no te queda otra que alzar la voz. Van a salir muchas mujeres porque no pueden ni se atrevían a hablar. A partir de ahora, se arriesgarán. Romper el silencio resulta muy difícil; pero, imparable cuando se consigue.  

La derecha se aprovecha de discursos como el suyo para criticar a la izquierda y, al mismo tiempo, a la comunidad musulmana. Como feministas laicas incomoda la postura.

Nos instrumentalizan, pero no están legitimados para hablar de feminismo. La extrema derecha no tiene ninguna legitimidad para hacerlo. Por una razón muy simple: porque está criminalizando la protesta de la mujer, del feminismo ‘español’ y ataca las leyes de igualdad y quiere la derogación de la ley contra la violencia de género. Hace una serie de cosas que demuestran su machismo. Entonces, no tiene autoridad para hablar del machismo que nosotras sufrimos. No les interesa nuestro discurso, sino apropiarse de él y, a la vez, silenciarnos. Porque, cuando sale alguien a decirles «ustedes son unos racistas», no quieren saber nada de nosotras. Lo he vivido en primera persona. Soy de Vic y viví el fenómeno ‘Anglada’. Entonces, en la lucha contra el racismo, no te escuchan. De hecho, no te quieren hacerlo, tampoco cuando hablas de machismo: solo te utilizan, pero más bien calladita.

¿Ha renunciado a algo o ha pagado un precio alto por derribar tantos muros a lo largo de su trayectoria?

Se paga el precio de la soledad. Sobre todo, mi generación. Hicimos un cambio en solitario, en nuestras familias y entorno más inmediato. Éramos muy frágiles porque no teníamos dónde agarrarnos. Pero, hago inventario y pienso que estábamos cada una en su pequeña parcela, luchando por cosas muy simples. Esa lucha no se puede olvidar y hay que visibilizarla. Creo que también nos falta eso. Que no solo se vea en las novelas. He escrito mucho sobre ello en las novelas, pero no tienen un impacto mediático como otras cosas porque la gente lee más bien poco.

“A las mujeres, les aconsejaría que pusieran en común sus experiencias. Muchas veces están, unas al lado de las otras, viviendo el mismo malestar, pero sin contárselo. Entonces, ellas lo viven de una manera muy individual, cuando, en realidad, podrían unir sus fuerzas y ayudarse mutuamente” 

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