Las raices históricas de la crisis Hispano-Marroquí.

El 23 de febrero, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se reunió por videoconferencia con su homóloga española, Arancha González Laya, y ambos se felicitaron por las «excelentes relaciones entre ambos países». Los dos gobiernos anunciaron el lanzamiento de reuniones virtuales entre los ministros de Industria, Transportes y Agricultura de Marruecos y España. Encuentros en los que se relanzó un megaproyecto: el del túnel que conecta a ambos reinos a través del Estrecho de Gibraltar. De cara a la galería, Marruecos y España lo estaban haciendo bien. Sin embargo, desde que España recibió a escondidas a Brahim Ghali, líder del Polisario y enemigo número uno de Rabat, España apuñala por la espalda a Marruecos. Con el paso de los días, la atmósfera empezó a calentarse entre los responsables de los dos países y las relaciones fueron empeorando hasta el punto de retirar Marruecos su embajadora en Madrid, haciendo estallar la crisis de Ceuta y  por último, el comunicado del Ministerio de Exteriores marroquí que acusa a Madrid de hacer un doble juego hostil. Por un lado una muestra de amistad y solidaridad pública y oficial, por otro un comportamiento y actitud cuestionables. Por un lado, las relaciones racionales y egoístas, por otro lado, un enfoque subversivo.
En este ambiente los periodistas españoles especializados en Marruecos han tomado la libertad de decir lo que el Estado español no dice en público, un Marruecos chantajista, engañoso y una amenaza a la seguridad territorial española. Todo con un análisis marcado por una mirada de superioridad y un lenguaje colonialista.

Nada nuevo en el cielo de Madrid.
La crisis actual entre España y Marruecos no es la primera ni tampoco será la última, y entre una crisis y otra salen los antimoro con el mismo lenguaje, cercano al prejuicio y muy distanciado de la investigación sobre la historia de las relaciones bilaterales hispano-marroquíes que en gran parte está marcada por dos obstáculos que, poco a poco, van siendo superados: la falta de comunicación entre los investigadores de ambos países y los problemas de fuentes primarias. El secreto de estado sigue determinando la falta de acceso a gran parte de la documentación, por temor a implicaciones diplomáticas en temas abiertos: sobre todo el del Sáhara Occidental y Ceuta y Melilla.
La crisis entre España y Marruecos viene desde mucho mas allá de la presencia de Ghali en España. Para el periodista de El Confidencial, Ignacio Cembrero  “la crisis no empezó con la hospitalización de Brahim Ghali el 18 de abril de 2021, sino antes.

El 10 de diciembre, Marruecos decidió aplazar la reunión de la Alta Comisión Mixta marroquí-española”. Tampoco es el origen de la complicidad de las relaciones entre Rabat y Madrid.
Sin embargo la crisis de hoy tiene simillas cultivadas en los años sesenta y setenta y riesgos similares. A pesar del paso del tiempo hay una linea conductora que relaciona lo actual con el pasado

En primer lugar, es conveniente subrayar algunos condicionantes permanentes de las relaciones mucho antes de la existencia del frente Polisario que la ministra de exterios española laya confunde con el Sáhara occidental. El más relevante fue, sin duda, la compleja herencia de una descolonización precipitada. La actitud ambigua del gobierno español entre 1955-1956 (en el fondo opuesto a la descolonización).
El hecho de que no se firmara un tratado de límites en 1956, determinó un inmediato conflicto en la política española  en torno a la interpretación de cuál era la unidad territorial de Marruecos, este ultimo reivindicaba, Sidi Ifni, Tarfaya y el Sáhara , incluso algunos partidos marroquíes como el Istiklal consederaba Mauritania como territorio marroqui. Pero la parte española no lo estimó necesario, dado que consideraba territorios de soberanía propia (según se reconocía en acuerdos internacionales), Ifni y Sahara (no así la Zona Sur del Protectorado o Tarfaya), aparte de Ceuta y Melilla, lo que chocó de inmediato con las reivindicaciones nacionales del nuevo estado Marroqui.
Desde Marruecos, la reclamación se basaba en que toda el área estaba habitada por gente de su mismo origen, lengua y religión; además de que, antes de la ocupación española, la zona había sido administrada en nombre del estado marroquí, cuyo monarca había ejercido autoridad religiosa sobre el territorio (no control político temporal). Eso ocurrió 20 años antes de la creación del frente Polisario que hoy en dia González Laya  lo consedira como representante del pueblo Saharaui.
Esas reivindicaciones históricas de Rabat que hoy en dia periodistas como Cembrero o Sonia Moreno ven como un sentimiento de expansión dentro del Estado Marroqui, siempre fue percibido por los dirigentes españoles como una especie de nuevo imperialismo, sobre todo a partir de la guerra de Sidi Ifni,
A partir de 1961, una vez resuelta la devolución de Tarfaya y la retirada de tropas españolas de Marruecos, las reivindicaciones por parte de Rabat en cuanto al Sáhara se siguieron,  estimados por España como un recurso legitimador recurrente para consolidar el poder real y como un instrumento de presión en las relaciones bilaterales. Sin embargo la pura realidad detrás de la postura de Madrid se conocía desde finales de los sesenta y principios de los setenta, conforme la explotación de los fosfatos saharauis por España que se hizo realidad. Y el intento de llegar a un acuerdo con Marruecos , Francia y Mauritania para compartir los recursos naturales del Sahara occidental.
Y si añadimos la relación de la España de Franco con Francia en este contexto entedemos lo que ocurre hoy un dia entre Madrid y Rabat. En principio, Francia invitó a España a participar en la explotación económica del Sáhara y valoró la colaboración española para la estabilización de Marruecos.

Justo después de la independencia de argelia, Francia manifestó de lleno la eterna rivalidad entre ambos países en la búsqueda de espacios de influencia en la región. Desde España siempre se consideró la atracción ejercida por Francia sobre las elites marroquíes como un obstáculo casi infranqueable en detrimento de la amistad hispano-marroquí y se desconfió de los ofrecimientos franceses de cooperación económica en el Maghreb, que nunca se concretaron.

En la visión de los diplomáticos franquistas durante los años sesenta, la acción francesa siempre perjudicaba los intereses españoles en Marruecos. Los objetivos de los dos países eran incompatibles: la distensión entre Marruecos, Argelia y Mauritania, con implicaciones directas en el tema Sáhara, beneficiaba a los planes franceses de influencia regional y marroquíes en el Sáhara y perjudicaba la continuidad de la presencia española ahí.
La postura de España sobre el Sahara no viene del derecho internacional , ni del derecho de autodeterminación, sino que se remota en los años 60 y se concentra  en temas económicos pero no en cuestiones de soberanía: Ifni y Sahara habían sido convertidas en provincias (enero de 1958) para evitar que Marruecos planteara nuevas exigencias por un lado y por otro la España colonial consederaba el Sáhara como territorio para la defensa de Canarias y para aprovechar sus riquezas mineras: el proyecto final era crear un pequeño estado independiente y aliado Mucho antes del frente polisario. En este asunto España ofrecía a Marruecos, participación en la explotación económica, nunca cesión de soberanía. Por otra parte, el gobierno de Madrid conjugó pronto esta política defensiva con otra de equilibrio regional: aprovechar a su favor las tensas relaciones de Marruecos con Argelia y Mauritania y fomentar las relaciones con estos dos países a sabiendas de las reticencias que suscitaban en la parte marroquí, Tal cual como está ocurriendo a hora mismo

El tema no es Ghali 
Hoy martes 1 de junio, el juez Pedraz descarta riesgo de fuga del líder del Frente Polisario, Asimismo, Pedraz ha rechazado imponer medidas cautelares de prisión provisional o retirada del pasaporte a Ghali quien podrá salir de España en cualquier momento si así lo desea, un hecho que, Marruecos ya lo percibía antes. Ayer en un comunicado del Ministerio de exterior marroquí, admite ahora que el conflicto con España es por el Sáhara y no por Brahim. Según Bourita, el conflicto «no está limitado al asunto de un hombre». «No comienza con su llegada, ni terminará con su partida. Se trata, ante todo, de una cuestión de confianza y de respeto mutuo rotos entre Marruecos y España».

A hora bien,  la relación ha entrado en un callejón sin salida. España pos Franco tiene el deber de revisar su mirada a su vecino, heredada de los años 60 y liberar el secreto de estado que sigue determinando la falta de acceso a gran parte de la documentación, por temor a implicaciones diplomáticas en temas abiertos: sobre todo el del Sahara Occidental

Referencia: Rosa PARDO SANZ.  La España del Presente: De la Dictadura a la Democracia. 

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