Las mujeres de Vilafranca reclaman transparencia a la Asociación de los hombres de la Mezquita Al-Fath 

Un grupo de mujeres que llevaban más de 13 años trabajando como voluntarias en la Mezquita de Vilafranca contestan la decisión del Presidente de la Asociación de la Mezquita Al-Fath, quien les ha impedido continuar con sus actividades en la mezquita. Ya no podrán seguir dando clases de castellano, catalán o árabe. Tampoco se les permite conocer los estatutos de la asociación, ni votar en unas futuras elecciones de los miembros de la Junta: „Somos mujeres musulmanas, tenemos nuestros derechos y por eso pedimos a la asociación que sea transparente y que podamos votar a quien nos representa. En esta asociación no tenemos ni voz, ni voto.”, comenta Mariam, que forma parte también de otra asociación de mujeres.

La asociación ha respondido a sus demandas con el silencio: “La Junta no quiere celebrar una Asamblea para cambiar a los dirigentes de la asociación. Se debería convocar una Asamblea para modificar los estatutos”, añade Mariam. Explica que los demás socios tampoco han leído los estatutos y ninguno los conoce. Comenta también que los representantes de la asociación han anunciado que los socios no pueden pertenecer a otras organizaciones: „El que quiera entrar como socio no puede pertenecer a ningún partido, ni a ninguna otra asociación. Hay socios honoríficos y socios activos, pero todos pagamos 5 euros al mes de cuota. Los socios activos tiene derecho a votar y tienen voz.” No obstante, en el caso de Mariam, al formar parte de otra asociación de mujeres, no le permitirían seguir como socia en la asociación de la mezquita. Pero las mujeres no quieren dar por perdida la batalla: „lo que reivindicamos es que estas mujeres que han estado 13 años como voluntarias en la mezquita, puedan pertenecer a la asociación.” Mariam critica el anuncio que había aparecido en la mezquita que prohibía a cualquier persona realizar actividades sin pedir el permiso de la Junta.

“Ellos quieren formar un monopolio, hay ahora unas 15 personas que están activas allí, pero son las esposas de los miembros de la asociación.” Las demandas de las mujeres que no pueden continuar sus actividades en la mezquita se centran ahora en la gestión de la asociación y el manejo de sus fondos: „preguntar sobre los estatutos, sobre la recaudación de dinero y su empleo, es necesario e importante, porque formamos parte de una asociación que representa a la comunidad musulmana, y como miembros de esta comunidad tenemos todo el derechos a saber adónde va la recaudación para la mezquita. Es nuestro derecho, porque se trata de una asociación que involucra a toda la comunidad musulmana; nosotras colaboramos igual que los hombres, pero no nos reconocen.”

Mariam explica que los demás miembros tampoco saben mucho sobre la gestión de la asociación, pero que son personas creyentes que consideran que el dinero que entregan es una donación. Aunque no hayan leído los estatutos, al ser una asociación relacionada con la mezquita, confían en los que la dirigen.

Aún así, cuando algún socio han planteado dudas, nos explica que ha sido incluido en la categoría de socio honorífico de la asociación, es decir, pagar su cuota, pero sin derecho a modificar los estatutos: “también se han quejado muchos hombres y socios que reivindican su derecho a conocer al estatuto. Por eso te digo que tal vez vayamos al juicio, porque no es normal que seas socio desde hace diez años y no conozcas los estatutos.” Aunque hayan recibido presión por parte de la asociación, las mujeres no quieren rendirse. Critican también el despido del Imán de la mezquita y el nombramiento de otra persona afín a la asociación: “Han nombrado a otro Imán al que lo manejan como a un mando de televisión desde la asociación”, cuenta Mariam.

No obstante, las mujeres están preocupadas por una posible división de la comunidad que este conflicto puede provocar: “esperamos que nos sentemos todos, representantes, y gente corriente, mujeres y hombres para hablar, para que no haya ningún conflicto interno. Nuestra lucha no era esta, no era la lucha entre nosotros”, aclara Mariam.

 Las mujeres apuestan por el consenso y explican que la asociación no representa sólo a las personas de origen marroquí, sino que a una comunidad musulmana muy amplia: “Hay gente de muchos lugares, argelinos, pakistaníes, catalanes, españoles. Todos pertenecen a esta comunidad y tienen derechos.” Por otro lado, el hecho de que las voluntarias ya no puedan seguir con sus actividades en la mezquita es para Mariam un signo claro de discriminación, “porque ya no es un problema de la mujer musulmana, sino que es la discriminación de la mujer. La mitad de la comunidad es de mujeres.” Por ello explica que se convocará una rueda de prensa en el mes de enero y se anuncian varias protestas: “ccualquier mujer musulmana que quiere defender su derecho a voto es bienvenida.”

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