Las instituciones europeas en Barcelona acogen la conferencia “Radicalización, desradicalización y seguridad ciudadana” El viernes se celebró el tercer debate del ciclo “Europa y el mundo: una mirada desde el Parlamento Europeo”, con el eurodiputado Javier Nart y el investigador del CIDOB Moussa Bourekba. El acto lo ha coorganizado la Oficina del Parlamento Europeo en Barcelona y el think tank barcelonés

Las instituciones europeas en Barcelona han acogido el tercer debate del ciclo “Europa y el Mundo: una mirada desde el Parlamento Europeo”. La ponencia “Radicalización, desradicalización y seguridad ciudadana” ha contado con la participación de Javier Nart, eurodiputado y vicepresidente del grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE) y el investigador del CIDOB, Moussa Bourebka. La periodista Fàtima Llambrich ha moderado la conversación entre ambos ponentes.

Las fases de la lucha contra el terrorismo y el extremismo violento

Moussa Bourebka ha comenzado con una vuelta al pasado para entender “de “dónde venimos en términos de prevención del extremismo violento. Teniendo en cuenta, que por muy críticos que seamos, es un “working progress”. El investigador ha señalado tres etapas para comprender el terrorismo (primero), y el extremismo violento (más adelante) y las evoluciones a partir del 11-S. Bourebka ha centrado la primera etapa en la “guerra contra el terror”: “La idea básicamente era ir a Afganistán y tratar de cortar la cabeza a la serpiente. Esta estrategia falló porque hemos tratado de matar a mosquitos con un kalashnikov. Falló por 3 razones: se pensaba que Al-Qaeda era una organización localizada (entre Afganistán y Pakistán) cuando se trataba de una nebulosa internacional; nos fijamos (en el grupo) a la hora de atribuir cualquier acto de violencia en el mundo musulmán (hemos convertido a Al-Qaeda en una marca transnacional efectiva), y bombardear Afganistán, después en Irak, y ahora en puntos de Libia, Malí o Yemen. Y no nos hemos dado cuenta del impacto que podía tener el hecho de tener un target, de tener la guerra quirúrgica, y el potencial de radicalización que podía tener matar a un determinado terrorista pero con él a su mujer y sus hijos. Lo cual, contribuía a radicalizar. En el 2005, nos dimos cuenta que no habíamos matado a Al-Qaeda, sino todo lo contrario”.

La segunda etapa que Bourebka ha comentado se iniciaba a finales de 2005. La Administración de Bush revisó la estrategia antiterrorista y concluyó que las organizaciones extremistas aumentaron en su campaña contra estas. Y del crecimiento de los grupos surgían conceptos como “radicalización” y “extremismo violento”: “La reflexión fue la siguiente: «uno no nace terrorista sino que se convierte en ello a través de un proceso» . Se trató entonces de trabajar en lo que llamamos las causas estructurales del terrorismo. Y de ahí hubo una lucha entre aparatos de seguridad, servicios de inteligencia y algunos analistas que trataron de involucrar a otros sectores. De ahí nació lo que llamamos “contraterrorismo” (lucha contra el extremismo violento)”.

El tercer período comenzó en el 2009 y se ha prolongado hasta la actualidad. “Se ha producido un cambio de paradigma gradual a ritmos y a niveles diferentes, según el país europeo. Se trata de prevenir el extremismo violento, además de seguir con la lucha antiterrorista”. Bourebka ha definido el extremismo violento como “luchar, prevenir, dedicar esfuerzos antes de que una amenaza aparezca. Cuando en la lucha contra el extremismo violento hay una amenaza, tenemos que hacer una detección y movilizar a las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia”.

Los países de la Unión Europea, en una posición desigual

“En términos de prevención , el nivel de progreso (países europeos) es bastante desigual. Donde hay más progreso es en los países nórdicos: Alemania, Dinamarca y Holanda. Estos países desarrollaron una serie de herramientas (además de la lucha antiterrorista) con el fin de trabajar sobre estas causas y factores de radicalización. Y esto incluye desde acompañamiento psicológico hasta políticas sociales inclusivas que tienen como objetivo, por una parte, luchar contra estos factores de radicalización (marginación y estigmatización y sentimiento de pertenencia); y por otra parte, integrar a la gente radicalizada en la sociedad”.

“En cambio, si miramos Reino Unido, Francia o España digamos que hay progreso, pero se confunden varios elementos. Lo primero es que aún no sabemos, cuando hablamos de prevención, si tratamos de prevenir o de detectar. Por otra parte, en cuanto a las causas, dedicamos muchos recursos a la hora de desradicalizar. Pero hay esperanza porque , poco a poco, vamos hacia un cambio de paradigma, en el cual, se trata cada vez menos de radicalizar y cada vez más de desvincular”. Desvincular es llevar a un individuo radicalizado a que renuncie a la violencia o desvincularlo de un grupo o de una organización terrorista”.

El eurodiputad,  Javier Nart,  ha afirmado que, entre los países de la Unión Europea, “no hay una estrategia común. Hay estrategias nacionales, y bastante metafísicas de lo que se debe hacer, pero no plasmado”.

Nart y la edad del terrorismo

La cuestión fundamental es que el terrorismo no es algo que suceda desde hace unos años como consecuencia del terrorismo islámico. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hemos padecido el terrorismo, pero un terrorismo “revolucionario” marxista – leninista radicalizado. Pero si echamos una vuelta a nuestrra memoria, (la actual) es una acción exactamente tan terrorista como la que ahora se produce, asociada a una ideología, que en realidad no es más que una blasfemia respecto al Islam, porque el Islam evidencia que no es lo que plantean estos elementos terroristas”.

Nart ha optado por contextualizar como primer paso para entender los problemas de la actualidad -el terrorismo, en este caso-. “Lo que hoy estamos padeciendo, que es circunstancialmente islamista, no tiene únicamente unas visiones respecto a esta ideología, sino surge dentro de un contexto donde la revolución ha perdido su sentido, ha sido desacreditada y totalmente deslegitimada. Y, ahora, tenemos una contestación distinta en un segmento muy concreto: qué significa la radicalización y algunos elementos islamistas”.

El eurodiputado ha mencionado que antes las guerras se hacían entre nacionaes y que, en la actualidad, se ha producido una transmutación. Una situación -la de hoy en día- “táctica, pero que le damos un valor estratégico” (…) “Si existe terrorismo islamista (perversión del Islam), que no islámico, en Europa es como consecuencia de lo que ocurre fuera (fronteras europeas). El terrorismo ha aparecido como consecuencia de una contestación terrorista en el exterior. Somos el reflejo de lo que sucede fuera. Y somos (en consecuencia) tributarios de errores que están realizando todavía las fuerzas occidentales”.

El papel de la religión

Según Moussa Bourebka, el debate sobre radicalización o desradicalización guarda una idea subyecente: El radical /y en este caso, el yihadista) es alguien que ha consumido -no de manera moderada- una sustancia -la religión islámica- de forma radical. Y de ahí, nace la necesidad de desradicalizarlo. De hecho, en Europa si miramos otras formas de extremismo violento, sorprende la tenencia (capacidad) que tenemos de sobrevalorar el papel de la religión casi exclusivamente cuando hablamos de salafismo yiihadista o de yihadismo en general”.

El investigador del CIDOB ha mencionado las dos posturas opuestas (entre ellas) en el papel que juega la religión en la radicalización hacia el extremismo violento: la de Gilles Kepel y la de Olivier Roy. “Kepel habla de la “radicalización” del Islam:, el terrorismo surge o es una manifestación de la creciente radicalización del Islam. En cambio, Roy reconoce que hay una radicalización en determinados sectores y comunidades a nivel cognitivo de práctica religiosa. Pero, ha distinguido otro fenómeno: la radicalización yihadista que estamos viendo forma parte de un fenómeno mucho más amplio a nivel global conocido como “revuelta generacional”. Es decir, sectores de la población cada vez más jóvenes consideran el uso y el recurso de la violencia como algo legítimo y como salida en su propia vida. Concluye (fijándose en los yihadistas europeos) que el Islam no es tanto la causa de la radicalización, sino más un pretexto: no hay una radicalización del Islam sino que hay una islamización del radicalismo”.

El ponente ha criticado el tratamiento (diferenciado) que recibe el extremismo violento, cuando viene procedente de la extrema derecha. En ese ámbito, ha vuelto a alabar a los países del norte de Europa ya que han centrado sus programas en la base individual de la persona y en la desvinculación de la misma. “De alguna forma, el debate debería orientarse hacia ahí”.

Esta manera de sobrevalorar la ideología cuando se trata de yihadismo ( y no sobrevalorarlo cuando se trata de otra ideología) corresponde a lo que llamaría una “ilusión orientalista”. En el fondo tenemos la sensación de que el yihadista es una forma de “homo islamicus” o “homo yihadicus” exclusivamente movido por su ideología más que por su propia capacidad de acción. Por eso, es fundamental cuestionar el concepto de «Islam» cuando lo usamos. Cuando nos referimos a musulmanes, de qué estamos hablando”.

La radicalización cognitiva y la radicalización violenta

Bourebka ha definido la radicalización cognitiva como la adopción de una ideología radical que pretende usar la violencia para alcanzar objetivos políticos, sociales e ideológicos. La cognitiva se distingue de la radicalización violenta porque la última surge cuando se adopta, en base a esa ideología (radicalización cognitiva) un comportamiento violento.

El debate con el «yihadista» forma parte de uno más antiguo que tiene que ver con las creencias y la acción violenta. Hasta qué punto cuando hablamos del proceso de radicalización se valida implícitamente la idea de que la propia noción de ideología es la que me empuja a mí (como sujeto individual) a actuar de manera violenta” (…) “Y, de hecho, cuál es el rol de la ideología. La ideología es fundamental en el proceso de radicalización en la medida en que permite conectar los agravios de una persona con los mecanismos de legitimación de la acción violenta. La ideología juega este papel en el proceso de radicalización: explica los agravios de manera simplista, proporciona la situación -igualmente simplista- de dichos agravios, señala a los responsables, y finalmente, legitima la violencia”.

¿Por qué hay que diferenciar radicalización cognitiva, de la violenta? Hasta día de hoy no hay ninguna evidencia a nivel académico ni científico de que exista una relación causal-directa ni lineal entre uno y otro” (Bourebka).

La sublimación de la propía frustración

Javier Nart ha relacionado los conceptos de «identidad» y «frustración»: “Cuando por razones verdaderas o extraordinarias, por ejemplo, los terroristas de Ripoll eran gente que no tenían discriminación en su pueblo ni entre sus compañeros de colegio. No estaban separados por ser de origen magrebí o ser musulmanes. Eran, sencillamente, tan laico y tan musulmanes como sus compañeros de pupitre (laicos y cristianos). Tenían trabajo. No me consta que fueran objeto de discriminación, ni de segregación. Pero, hay una cuestión fundamental: la frustración identitaria. Hay un momento donde el monstruo de la identidad supera incluso frustraciones imaginarias o verdaderas”.

Sobre la vinculación entre «terrorismo»«religión» ha defendido que la perversión de la práctica religiosa no tiene nada que ver con la propia esencia de la religión. “No diamolizo el judaismo, el cristianismo o el islamismo. Diamolizo los criminales”. Nart encuentra en el Islam como gran problema, “la falta de una evolución que significa la Ilustración, y enviar la religión al corazón de cada persona y no a la estructura social. Esta es una de las grandes luchas que se están produciendo dentro de las países musulmanes, y tenemos que apoyar y no mirar con profunda displicencia”.

Sobre las políticas públicas

A diferencia de Javier Nart (más pesimista), Bourebka se ha mostrado optimista pese a la escasa o nula evaluación que reciben las políticas públicas relacionadas con la radicalización y el extremismo violento. El investigador ha elogiado un modelo de prevención (desaparecido en 2011) llevado a cabo en Amsterdam, cuyas políticas se basaron en el contenido social y la vinculación entre un centro de investigación y los políticos.

Luchar contra el extremismo violento -tipo Al-Qaeda, 15 años atrás- no tiene nada que ver con luchar con un grupo de edad de 12 a 17 años que trata de irse a Siria tras ver vídeos de Estado Islámico. En este sentido, lo que hace la evaluación extremadamente difícil es que el proceso de radicalización -siendo algo individual e íntimo- no puede demostrar si la política ha podido prevenir diez atentados…No sé puede”.

Además, el ponente del CIDOB ha expuesto un caso práctico para entender la dificultad (en términos de evaluación) que tienen los investigadores y los gobernantes en el abordaje y la realización de las políticas políticas. “Actualmente, a mi me eligen como líder político para 5 años. Tengo que desarrollar una política que seguramente tendrá efecto en 10 o 15 años; es decir, cuando yo ya no esté. Y tengo que justificar de cara al público que (lo que estoy haciendo) tiene un impacto. Pero no soy capaz de demostrarlo. Esto es un reto tanto para la investigación, y de cómo podemos conectar la investigación con los decisores políticos, sin que eso acabe siendo una subordinación de los primeros a los segundos”.

Por último, el eurodiputado ha concluido que “estamos hablando de elementos marginales sin tener una ideología islámica que podía ser discutida. Estamos ante personas (los terroristas) sin formación, sin ideologías y con sentimiento. Y que, además, no participan de la corriente principal ni siquiera de su propia comunidad porque entienden que todos los demás son personas alejadas de lo que es el «Islam verdadero» puro y duro, que es el de ellos (el de 5 ideas fundamentales; y a veces, menos) sobre el que establecen aquello que, fuera de la verdad, no hay más que las tinieblas exteriores. Por tanto, yo estoy en la verdad y quién no está conmigo, se muestra en el error. Y, quién está en el error se divide en dos: los no creyentes y los traidores (aún peores que los primeros). Los «traidores» son aquellos que deberían y quisieran de informarles sobre su propio error. Es una marginalidad encapsulada. Es muy complicado”.

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