La ultraderecha EKRE se convierte en la tercera fuerza en Estonia

El Partido Popular Conservador -extrema derecha- dobla los votos en el Parlamento estonio -Riigikogu-

El Ejecutivo de Estonia surgirá -de nuevo- de una coalición. Los liberales – el Partido de la Reforma de Kaja Kallas- han ganado las elecciones legislativas. Ante eso, el partido de centro derecha tiene dos grandes alternativas como socios de gobierno: el partido Centro – de centro izquierda- de Jüri Ratas, actual primer ministro, o la extrema derecha EKRE (de Mart Helme), tercera posición.

La extrema derecha, euroescéptica y antirusa, ha doblado los votos -respecto a los comicios de 2015-. El apoyo de las zonas rurales le ha llevado al tercer escalón. EKRE entrará en el Riigikogu -Parlamento- con 19 escaños de un total de 101 (en 2015 lograron 7) y el 17,8% de los votos. El discurso contra la migración, el matrimonio homosexual y a favor de la Estonia rural -abandonada- ha conllevado la irrupción de la extrema derecha entre las fuerzas más votadas en el Estado báltico. Pese a ello, el grupo eurófobo está lejos de entrar en el futuro gobierno de coalición El grupo populista ha prometido un aumento de los subsidios y una reducción de los impuestos y la eliminación del ruso, una de las lenguas vehiculares en algunos centros de enseñanza del noreste del país. La minoría rusa significa alrededor del 25% de los 1,3 millones de habitantes de Estonia.  

En los últimos años, Estonia se ha consolidado como uno de los países más sólidos del grupo de países bajo dominio soviético hasta 1991. Los anteriores ejecutivos y coaliciones han aprovechado el crecimiento económico del 3%; la escasa tasa de desempleo, y la seguridad proporcionada por las fuerzas de la OTAN. Sin embargo, los números de bonanza no han evitado las desigualdades y el desequilibrio social y económico.

El “establishment” estonio -ambos partidos son conservadores- se ha olvidado de los núcleos rurales. En estas zonas (algunas sin la totalidad de los servicios públicos), EKRE ha sembrado la semilla y ha aprovechado la tendencia populista de derecha radical surgida en Europa en 2015 -con la crisis migratoria-. Además, Estonia ha experimentado una migración hacia los principales centros urbanos -básicamente, Tallin-. La capital aglutina más del 30% del total de la población, lo cual, conlleva el aumento del contraste entre el campo y las ciudades.

El partido victorioso -Reforma- no pactará con la ultraderecha. Kaja Kallas -su presidenta- ha descartado una futura vinculación con EKRE. Por primera vez desde la independencia del Estado báltico en 1991, dos mujeres centrarán el poder de Estonia: Kallas, como primera ministra; y la ya presidenta de la República, Kersti Kaljulaid. Pese a ello, el país mantiene la mayor brecha de salarios de la UE: los hombres cobran, de media, un 23% más que las mujeres.

De momento, los partidos tradicionales han mantenido distancia con la extrema derecha. EKRE ha aumentado, en 12, sus escaños y ha irrumpido como tercera fuerza. En principio, el grupo euroescéptico de Helme no aparecerá en los acuerdos de los principales partidos (al menos en Reforma, el ganador de los comicios) y otros bloques minoritarios. La negociación ha comenzado.

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