La salida de Arancha González Laya no cerrará las profundas heridas entre España y Marruecos.

Muchos analistas ven la destitución de la ministra de Exteriores, Unión Europea y Cooperación como un buen gesto hacia su vecino del sur, algunos la ven como alivio a la tensa relación entre Marruecos y España y otros la consideran como cabeza de turco que ha pagado las consecuencias de la ya conocida crisis.

Arancha González Laya lleva solo un año y medio en el cargo, fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación el 13 de enero de 2020. No era miembro del PSOE, y era una desconocida en la política nacional.

La crisis: antes de la llegada de Ghali

El 10  de diciembre de 2020 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una declaración reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental y anunció la normalización de las relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. Este acuerdo enfado a España la «administradora del territorio saharaui», la respuesta no tardo mucho al llegar un día después y desde Palestina donde estaba laya de vieja , en una rueda de prensa  expreso indirectamente su rechazo al acuerdo entre Rabat y Washington , “la decisión se tomó tras la presión de Rabat y después del espaldarazo internacional de Donald Trump a las pretensiones anexionistas de Marruecos en el Sáhara. España, como la Unión Europea, pide que se cumplan las resoluciones de la ONU para hacer posible la descolonización definitiva del territorio” subrayó la ministra.

Pocos días después la relación entre ambos países empiezo a empeorar, en un comunicado conjunto, los dos ejecutivos señalaron que la Reunión de Alto Nivel entre Marruecos y España será aplazada a febrero del 2021 y señalaron que «la situación epidemiológica actual impide celebrar» la reunión con «las garantías de seguridad sanitaria que se estiman convenientes por ambas delegaciones», sin embargo los dos países continuaron recibiendo diplomáticos y políticos de otros países.

Fuentes de La Moncloa explicaron que el aplazamiento era debido a las restricciones por el covid-19 adoptadas por Marruecos, sin embargo otras fuentes confirmaron que la presencia de podemos en el gobierno de Sánchez incomoda al vecino.

Iglesias que en esa época ejercía de vicepresidente del gobierno, y su formación mantenían siempre una posición controvertida sobre la situación del Sáhara, y recientemente recordó en redes sociales que sigue pendiente el referéndum de autodeterminación en ese territorio. Su coalición, Unidas Podemos, pidió en noviembre al Ejecutivo trabajar con Naciones Unidas para el cumplimiento de la resolución 690 del Consejo de Seguridad de 1991 que dictaba un mandato para la organización de un referéndum bajo un calendario y un censo justo, así como fijar las garantías para su cumplimiento. También solicitó que se mantuviese el alto el fuego que según ellos fue quebrado por Marruecos en el paso fronterizo de Guerguerat.

Así y antes de la entrada del líder del Polisario Ibrahim Ghali al territorio español, las relaciones entre Rabat y Madrid llevaban dos décadas bajo una tensa calma, recordemos el verano de 2002, cuando se produjo el primer enfrentamiento entre ambos países. El escenario del enfrentamiento fue la isla de del Perejil, un islote en disputa territorial entre España y Marruecos.

El 18 de abril, la entrada de Ghali fue la gota que colmo el vaso

Ghali, líder del frente Polisario y enemigo número uno de marruecos entra a España en secreto bajo el nombre de Mohamed Benbatouche, nacido el 19 de septiembre de 1950 con nacionalidad desconocida y número de pasaporte no contrastado, llega a las 22:48h proveniente de Zaragoza en una ambulancia medicalizada al Hospital San Pedro de la ciudad de Logroño. Al día siguiente de la revelación de Jeune Afrique  Laya decide echar más leña al fuego “Yo cuestionaría esta aseveración. Lo que ha ocurrido es un rechazo por parte de nuestro vecino Marruecos de un gesto humanitario que nosotros hemos hecho hacia un individuo gravemente enfermo de Covid que ha desencadenado una respuesta unilateral en forma de crisis migratoria. Esto es lo que ha ocurrido. Todos sabemos que Brahim Ghali es el Frente Polisario y que el Frente es el Sáhara Occidental. Si la cuestión es que con ese gesto humanitario España está tomando partido en el contencioso del Sáhara Occidental la respuesta clara y rotunda del Gobierno es no. España no ha cambiado su postura. Este contencioso necesita una contención política que tiene que ser negociada en el marco de Naciones Unidas porque eso es lo que va a garantizar una legitimidad y una paz estable y duradera. Esa es la postura central española respetuosa de la legalidad internacional. Es la postura de la UE también” y en este contexto afirma que el gobierno español estaba al corriente y además ha dado su luz verde.

El 23 de abril, Arancha González Laya seguía con la postura de “aquí no pasa nada” y aseguró que la hospitalización de Brahim Ghali «no puso en tela de juicio las relaciones con Marruecos», calificado de «socio privilegiado».

La respuesta de Marruecos no tardó mucho en llegar. El 25 de abril, el reino de Marruecos, a través de Nasser Bourita, reaccionó expresando su «decepción» por un «acto contrario al espíritu de colaboración y buena vecindad» y anunció la llamada del embajador de España en Rabat para acudir al Ministerio de Asuntos Exteriores y que así pueda responder a una serie de preguntas: ¿Por qué Brahim Ghali fue admitido en España con un pasaporte falso? ¿Por qué las autoridades españolas no consideraron oportuno notificar este hecho a Marruecos? Todas las respuestas llevaban a la misma conclusión “España es un país soberano y Ghali es el frente Polisario y el frente es el Sáhara Occidental y ese territorio está en disputa y en manos de Naciones Unidas“ así de simple justifico la ministra de exterior Gonzalez Laya la presencia de Ghali en España echando con ellos más leña al fuego.

La tarde del 18 de mayo fue el principio de la ruptura oficial de las relaciones diplomáticas de Marruecos con España. Rabat llamó a consultas a su embajadora en Madrid, Karima Benyaich, poco después de que esta acudiese a una convocatoria oficial en Madrid con la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, que le ha expresado el “disgusto” y el “rechazo” del Gobierno por la masiva entrada de migrantes por la frontera acuática de Ceuta. Benyaich ha asegurado por su parte que en las relaciones entre países hay actos que tienen consecuencias “y se tienen que asumir”. en clara referencia a la decisión de España de acoger al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

España siguió agravando la situación, implicando a la unión europea en una disputa entre dos países.

Las tensiones desatadas por la acogida de Brahim Ghali en territorio español tienen un trasfondo histórico y son las políticas de España sobre el Sáhara Occidental. La presencia del líder saharaui en territorio español desató uno de los episodios de mayor tensión entre España teóricamente administradora del territorio (aunque solo sobre los papeles de naciones unidas) y Marruecos de los últimos tiempos. Sin embargo, las raíces de la crisis se remontan décadas atrás. El Gobierno marroquí ya ha tomado la decisión de llevar el conflicto hasta su fin, Rabat va más allá y pide un posicionamiento claro por parte de países (amigos) al respecto del tema del Sahara como España o Alemania. Marruecos quiere el reconocimiento internacional de su dominio sobre el territorio, que fue colonizado por España hasta 1975. Oficialmente, España continúa siendo la potencia administradora del Sáhara, pero en la práctica vive completamente de espaldas al conflicto y no da ningún paso para la descolonización ni la autodeterminación del pueblo saharaui, sin embargo sigue dando cobijo al Frente Polisario.

Hay muchos platos rotos en la relación diplomática entre marruecos y España el Sahara es la piedra angular en las últimas décadas, además del cierre de fronteras terrestres y marítimas, el estatuto de Ceuta y Melilla, la participación en la gestion de la comunidad musulmana en España para evitar el radicalismo, ect…

Lo que si que es seguro, es que la salida de Gonzalez Laya por si sola, no cerrará las heridas a corto plazo. La diplomacia es el arte de trabajar en silencio. Y el nuevo ministro Jose Manuel Albarez Bueno tiene ante si la ardua tarea de sacar a las relaciones entre España y Marruecos del callejón sin salida donde están ahora, sin embargo tiene en sus zapatos dos piedras que harán que su misión sea aún más difícil. La primera es que la cuestión del Sáhara es un asunto de estado para ambos países y que no se rigen por cuestiones partidistas ni políticas sino por agendas marcados por intereses nacionales. La segunda es que Marruecos ya no admite medias tintas, y exige a sus supuestos amigos, una postura clara basada en el respeto y la confianza lejos de la tutela que pretenden algunos países europeos y donde el reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara es el punto número uno.

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