¿La primavera Árabe vuelve a Libia, Argelia y Sudan ?

Como si no se hubiera acabado lo de hace 8 años. En los últimos días, algunos países del norte de África parecen estar en las puertas de una nueva primavera árabe. El aliento de protesta que llevó  a Bouteflika ,no era solo hacia Argelia. Al menos eso es lo que nos hace pensar en los eventos que forman parte de las noticias respectivamente a Sudán y Libia. Al igual que en Argelia, Sudán se ve sacudido por manifestaciones donde una  menoría  mostró una audacia sin precedentes y decidió expulsar a Omar al-Bashir del poder. Esto porque están cansados de las múltiples restricciones de su libertad y, especialmente, de la crisis económica que está viviendo el país. En Libia, la situación es un poco diferente, recordando que la comunidad internacional ha desempeñado un papel para pedir la cabeza del Jefe Al Kaddafi.

Aquí, Khalifa Haftar, el hombre fuerte del este de Libia, con el apoyo incomprensible de algunos de los principales actores de la comunidad internacional, y que está a punto de caminar hacia Trípoli, la capital, y con una agenda que nadie puede controlar.   

¿Bensalah sí o no?  

Está bien señalar que incluso en Argelia, la crisis no ha acabado. Por supuesto, la reunión del Parlamento, que tendrá lugar el martes 9 de abril, para designar al presidente por interino, puede sugerir una vuelta a la normalidad. Pero Abdelkader Bensalah, el presidente del Consejo de la Nación, a quien se está preparando para confiarle  las riendas de la transición, no encarna la renovación por la cual los argelinos han estado manifestando durante más de un mes. Eso, lo hicieron de nuevo el viernes pasado, con motivo del primer gran evento post-Bouteflika. Además, será necesario seguir de cerca la reacción que se reservará para la transmisión, aunque se considere provisional, del poder a Bensalah, para juzgar la validez de este último como presidente de la Transición.

El-Bashir víctima de la secesión.

Más al sur, los sudaneses también les gustaría lograr el mismo resultado que en Argelia, al saber de la expulsión de Omar al-Bashir, que està en el poder  desde el 30 de junio de 1989. Un presidente que es diferente de Bouteflika  y que nunca estaba en harmonía  con la comunidad internacional. Pero hasta ahora al-Bashir, utiliza tanto el terror como el maná de la explotación petrolera, así ha logrado mantener a su país alejado de las convulsiones regionales. Del mismo modo, y de la parte de sus  homólogos del continente, se ha formado una sólida red de protección contra el mandato internacional de arresto emitido por la Corte Penal Internacional, causándole por crimines contra la humanidad a principios de  2000. Pero desde la independencia de Sudán del Sur en 2011, el petróleo no está generando lo suficiente. Y el poder sudanés ya no tiene suficiente para comprar la paz social. La pobreza se generaliza y se añade lo impuesto por el régimen, y así que  los sudaneses salen de sus miedos y sus temores .Desde diciembre pasado, hubo  conflicto entre un poder  que cada vez más dictador y un pueblo que ha decidido a romper las cadenas que lo atan. Es difícil predecir el resultado de la batalla. Al contrario, la determinación de los sudaneses de poner fin al poder de Al-Bashir ha sido raramente manifestado.

Libia, la vuelta del desorden.

Finalmente, en Libia, el contexto es diferente. Allí, los protagonistas no están de un lado, un pueblo desilusionado y criado contra sus líderes, y por el otro, un régimen desdeñoso y pecado por un exceso de arrogancia. Estamos más bien en una forma de segundo episodio de un conflicto que, en realidad, nunca terminó. De hecho, en este país, la verdadera paz parece haber sido asesinada con Muammar  Kaddafi.

Desde entonces, todas las fórmulas han sido probadas, pero ninguna ha sido concluyente. Y es el tipo de caos que prevalece lo que beneficia al general Khalifa Haftar. Un general que, paradójicamente, aunque en una situación de clandestinidad, cuenta con el apoyo de importantes actores de la crisis libia. Estos incluyen Francia, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos o Rusia. Incluso si no lo dicen oficialmente, estos países dependientes más de Haftar  y del Ejército Nacional de Libia (ANL) que del Gobierno de la Unión Nacional (GNA) de Faïez Sarraj, que cuenta con el apoyo de la ONU. Por lo tanto, la progresión espectacular de las tropas del general disidente hacia la capital de libia no sería ajena al suministro de armas que recibiría en particular de Francia, contando con una persona incondicional de Jean-Yves Le Drian. Se debe creer que Macron no aprendió de la experiencia de sus predecesores. 

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