La paz se desvanece en el laberinto afgano Los atentados esta semana dificultan las conversaciones entre los actores implicados en el conflicto armado en Afganistán

El martes, tres hombres atacaron una unidad de maternidad en la capital de Afganistán, en Kabul, y dispararon a trabajadoras del hospital, madres y bebés recién nacidos. En la provincia oriental de Nangarhar (este del país), un individuo irrumpió en el funeral de un comandante de la policía local y cometió un atentado suicida. El jueves, los talibanes mataron a cinco civiles y al menos un soldad en un ataque con camión bomba en el este del país. El objetivo era una base del ejército, pero el artefacto explotó antes de llegar al lugar. La trágica semana muestra una lejanía evidente con la paz y la voluntad de cesar la actividad armada.

Tras los ataques a la clínica maternal y al funeral, los talibanes negaron la implicación. Sin embargo, el grupo reconoció estar preparado para una vuelta a los atentados, demostrando que cualquier acercamiento en el contexto infra-afgano había quedado socavado. Estados Unidos culpó a Estados Islámico, el cual reivindicó el ataque al funeral. El Gobierno afgano no creyó la versión de Taliban. El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, anunció una vuelta de las fuerzas de seguridad a la posición “ofensiva”, tras meses de tendencia “defensiva”. De hecho, el camión bomba del jueves y el aviso de que estaban activos se concibieron como una represalia de los talibanes hacia la acusación recibida. “Tenemos la ventaja en la guerra, no estamos cansados de la guerra y estamos listos”, dijo el portavoz talibán Zabihullah Mujahid en una entrevista de radio. “Cuando decimos que el asunto debe ser resuelto a través de negociaciones, no muestra nuestra debilidad”.

El del jueves se consideró la primera actuación de los talibanes en un núcleo urbano desde la firma del acuerdo con Estados Unidos, a finales de febrero. Las tropas estadounidenses saldrían del país: 8.600 a mediados de julio, todos estarían fuera de Afganistán para mayo de 2021. Taliban prometió que “sus miembros, otras personas o grupos, incluido Al Qaeda, usen el suelo de Afganistán para amenazar la seguridad de Estados Unidos y sus aliados”. A pesar de que no se garantizaba el final de la guerra, se evidenciaba un paso que podía intuir una mínima aproximación en las negociaciones infra afganas (entre Gobierno afgano y talibanes). Pero, el castillo de naipes interino cayó antes incluso del inicio de esas conversaciones.

La fragilidad del acuerdo

El doble juego de los talibanes, la escasa precisión de Estados Unidos para proteger civiles a través del acuerdo y la mala relación entre los actores internos del país (Gobierno y grupo armado) ha debilitado el acuerdo y los posibles acercamientos posteriores al trato.

El trato no ha conseguido frenar la violencia que, lejos de disminuir, ha ido en aumento. Además, del incremento de los atentados, el ejecutivo no ha acelerado el ritmo de las liberaciones de prisiones (ha enfadado a Taliban) y se ha consolidad esa crisis de legitimidad de los mandos políticos, tanto de Abdullah Abdullah (Jefe Ejecutivo de Afganistán) como de Ghani (presidente de la República).

Ante los atentados, los funcionarios afganos acusaron al grupo y ordenaron el cambio de las fuerzas de seguridad al “modo ofensivo”. El asesor de seguridad nacional afgano, Hamdullah Mohib, comentó que si los talibanes no controlan la violencia o la subcontratan a otras organizaciones “no tiene mucho sentido seguir involucrando a Taliban en ‘conversaciones de paz’”. Mohib criticó la presencia de los insurgentes en los acuerdos en estas condiciones.

El Gobierno afgano no formó parte de la firma del acuerdo. Por tanto, su capacidad de actuación siempre ha estado muy limitada

Estados Unidos pidió una garantía de seguridad para firmar la retirada de las tropas. Sin embargo, el acuerdo solo mostraba que los talibanes no atacarían a los intereses estadounidenses ni los de sus aliados, excluyendo la protección del Gobierno afganos y la población civil. De hecho, Afganistán y Estados Unidos no son países aliados.

El viernes, el Representante Especial de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, dijo que el acuerdo “no (específicamente) exige que no ataquen a las fuerzas afganas”. Khalilzad reconoció que no prohibió los ataque contra los afganos. Esperaba que esas cuestiones se trataran en el acercamiento de posturas entre los talibanes y el gobierno. Pero, esas negociaciones posteriores no se llegaron a producir.

Por poco que sea, la promesa de la retirada de las tropas supone algo más de lo que el resto de actores han obtenido de los talibanes.

Las intenciones de Taliban

Como se ha comentado, el grupo mantiene una doble cara. A pesar de tener presencia en las conversaciones de Doha, Taliban ha mantenido un ritmo elevado de ataque contra las fuerzas gubernamentales durante los últimos meses que han contribuido al auge de la violencia.

“Los talibanes han creado un ambiente propicio para este tipo de ataque. Si hubieran acordado un alto el fuego sería mucho más difícil para cualquier grupo llevar a cabo este tipo de ataque”, argumenta Kate Clark, codirectora de la Afghanistan Analysts Network. Clark cree que los mandos de la inteligencia de los insurgentes tenían una influencia suficiente para reducir los ataques.

Según la Organización de las Naciones Unidas, más de 500 civiles fueron asesinados en Afganistán en el primer trimestre de 2020 debido a la violencia incluso después del pacto.

Tras la revisión de datos, Reuters contabilizó más de 4.500 ataques en el país perpetrados por los talibanes en los primeros 45 días posteriores al 29 de febrero, cuando se firmó el acuerdo.

La paz se aleja y la Covid-19 irrumpe en el país

Ningún grupo todavía ha reivindicado el ataque a la clínica maternal. Nadie ha dado pasos hacia atrás para el cese de la violencia, sino que los actores internos se han envalentonado adoptando actitudes “ofensivas”. Por tanto, las dificultades de acercar posturas se vuelven más complicadas que en meses anteriores.

El Gobierno afgano, enfadado por ser ignorado en los acuerdos entre Estados Unidos y los talibanes, hará pocas concesiones a los insurgentes. Uno de los puntos que ayudaría en el ámbito infra afgano sería la liberación de prisioneros talibanes. Pero, la situación resulta anclado y compleja porque promesa hacia los insurgentes salió de Washington y no de Kabul.

Con la retirada de tropas, Estados Unidos pierde margen de actuación en el conflicto armado. ¿Los estadounidenses mantendrán lo firmado independientemente de la realidad en Afganistán? Existe un temor a que la maniobra ideada por la Administración Trump no tenga alternativa ante un incremente del desinterés talibán por la paz.

La lucha contra Estado Islámico surge como un posible punto común entre todas las fuerzas. El Representante Especial de Estados Unidos, Khalilzad ha recomendado una unión de gobierno y talibanes contra la presencia de EI: “instamos a ambas partes a no caer en esa trampa, sino a cooperar contra los terroristas, incluido el ISIS”.

La inseguridad, la violencia y la guerra en Afganistán conviven con la Covid-19. Más de 6.400 personas han dado positivo y 168 personas han fallecido. Los ataques del martes a una clínica maternal y a un funeral preocupan mucho más en el contexto actual porque son dos de los lugares más presentes en este período. ¿Se podrá luchar en los hospitales afganos contra la pandemia? ¿Se podrá enterrar a los familiares?

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recibir las ultimas noticias


Email address
Seguro y libre de spam...