LA IMPORTANCIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Articulo de Ahmed Benamar Bellouki.

Con el final de las guerras(internas y/o externas) en el Continente europeo y una vez han caído las dictaduras, los Estados europeos prendieron un proceso de democratización y consolidación de la misma sin vuelta atrás. A algunos de esos Estados la democracia llegó de forma tardía, como es el caso de países como España (1975) o de Portugal(1974). Pero una vez iniciada la transición, instauración y consolidación de la democracia, hemos visto cómo el sistema democrático ha venido para quedarse. Una vez instaurada la democracia, los ciudadanos de los Estados europeos, especialmente la clase obrera y trabajadora -que también fueron los protagonistas y partícipes de la democratización de sus estados- emprendieron una lucha para que sus derechos políticos, económicos, sociales y laborales que recogen los textos constitucionales de sus respectivos Estados se hagan efectivos y reales y no sean sólo unos simples textos que quedan muy bonitos de cara a la galería y, por consiguiente, sin la aplicación de estos derechos no iba haber democracia posible alguna.

Delimitar qué es un sistema democrático no es tarea fácil. Tenemos tantas definiciones como estudiosos de la democracia o las diferentes ideologías existentes: ¿es lo mismo el concepto de democracia o sus instrumentos para un estudioso liberal que un estudioso marxista, socialdemócrata o conservador?

Suiza, un país democrático y moderno por entonces, no concedió el derecho a voto de las mujeres hasta 1971 a nivel federal y no se les concedió el derecho de voto en uno de los cantones que hasta entonces se les negaba, Appenzell Rodas Exteriores, hasta el año 1991. En el primer caso fue votado en referéndum exclusivamente por hombres, en el segundo caso por decisión de un Tribunal. A pesar de la negación del derecho de voto a las mujeres, Suiza se consideraba una democracia. En Suiza el movimiento por los derechos de las mujeres estuvo también presente en la reivindicación de sus derechos(Véase la película «el orden divino» de la cineasta suiza Petra Volpe).

Y para colmo y para crear más confusión aún si cabe sobre qué es democracia, en un momento en el que la posverdad política o la política de la posverdad está en auge, muchos políticos se acusan mutuamente unos a otros de ser antidemocráticos y de que ellos son los verdaderos demócratas y defensores y representantes de la misma.

Pero de lo que no cabe la menor duda es que las democracias se han ido forjando, en parte, gracias a la suma de los derechos(y deberes) que se han ido conquistando durante la transición y la consolidación de la democracia y en el cual los movimientos sociales de la sociedad civil han tenido un papel primordial. Y citando al gran politólogo y activistas estadounidenses Noam Chomsky «los derechos no se conceden, se conquistan».

Gracias a la lucha de los movimientos sociales y de la clase trabajadora en democracia hoy los ciudadanos de los Estados europeos disfrutan y se benefician de los llamados Estados de Bienestar y de sus políticas sociales. Esping Anderesen localiza cuatro tipos de Estados de Bienestar en las democracias occidentales: el Liberal, Continental, Socialdemócrata y el Mediterráneo. Gracias a los derechos sociales y políticos combatidos por la generación que nos ha precedido y por la presente generación, Europa ha sido (y sigue siendo) para muchos uno de los continentes más atractivos para vivir y restablecerse. La mayoría de los derechos de los que hoy disfrutan los ciudadanos de aquí y de allá han sido ganados a través de huelgas, presión y negociaciones e incluso han causado algunas muertes y condenas a prisión en sus inicios,

Las líneas introductorias anteriores son para concienciar y para no perder la esperanza de que las protestas, manifestaciones y la persistencia en ellas a través de movimientos sociales son el mejor(si no el único camino) para la conquista de los derechos de los pueblos. Tener la creencia de que las protestas o manifestaciones por los derechos sociales básicos en algunos países como Marruecos no sirven para nada o sólo son el germen para crear división y discordia es perder toda esperanza en tener un futuro mejor en dichos países. Se ha llegado a comentar que los activistas del Movimiento Popular de Rif no tienen una formación política y por tanto carece de todo mérito de ser considerado un movimiento.

La creencia de que los movimientos sociales, las protestas y la persistencia en ello sólo caen en saco roto, es signo de falta de autoestima y falta de todo tipo de esperanza. Si lo comparamos con algunos movimientos sociales recientes, que seguramente está en la memoria de todos y de todas, como el 15M o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) podemos concluir que: a) la PAH ha conseguido paralizar cientos de desahucios, re-alquileres, forzar las negociaciones con los bancos, leyes y ordenanzas para la buena práctica de los bancos, renegociación de la hipoteca, cambios de la ley del suelo o la introducción de una Iniciativa Legislativa Popular(ILP) para ser debatida en el Parlamento estatal, entre otros y,  b) el Movimiento 15M se ha canalizado finalmente en partido político y ha conseguido más de cinco millones de votos y 71 escaños en las elecciones generales del 2016 y en las últimas elecciones ha conseguido entrar en un gobierno de coalición. Como vemos, desde el Parlamento han conseguido pararle los pies a aquellos que tenían mayoría absoluta y aprobaban leyes a su antojo. Un ejemplo de movimiento social que consigue decir la suya y llevar la voz ciudadana al hemiciclo.

 

La creencia de que los movimientos sociales, sean éstos de la clase trabajadora, obrera o de otro tipo de movimiento social, tienen que tener unos conocimientos políticos para ser considerados un Movimiento es errónea. Esta afirmación es engañosa y demuestra que el mismo que la afirma no sabe que és la acción política ni el fin de la misma. Aristóteles afirmó en su famoso “zoom polítikom”, que el hombre es un “animal político” un político por naturaleza: hacemos política en nuestro día a día cuando negociamos con nuestros hijos e hijas algún asunto por muy simple que sea; hacemos política cuando participamos en una manifestación; hacemos política cuando acudimos a votar…

Partiendo de esta afirmación aristotélica podemos decir que el hombre por naturaleza es un ser político por la forma de relacionarse con los demás. Por consiguiente, los seres humanos no necesitamos ninguna formación política para exigir y reclamar unos derechos que en muchos casos son inherentes al ser humano y que todo Estado debe proporcionar y facilitar, porque de lo contrario no es digno de ser considerado como un Estado. Los grandes movimientos obreros y trabajadores surgidos en las industrias europeas, sus promotores no tenían ninguna formación política e incluso ninguna otra formación académica, y gracias a su autoestima, esperanza y creer en aquello por lo que luchan, tenemos hoy los derechos laborales y sociales de los cuales podemos disfrutar y hacer uso.

Después de este breve repaso, espero que aquellos que no creen en movimientos sociales y acción ciudadana y de la sociedad civil como un medio para que los derechos se hagan efectivos y reales y para que se pongan en práctica, y esperan que sean otorgados por el Estado, tomen conciencia o por lo menos se mantengan al margen.

Es evidente que no es lo mismo luchar o reivindicar los derechos en una democracia que en una dictadura, pero lo que está claro es que el movimiento ciudadano es el único que puede hacer tambalear a cualquier régimen.

 

 

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