La climatología y los eventos meteorológicos extremos son los principales responsables del número de desplazados en 2019 Un informe publicado por el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC en sus siglas en inglés) afirma que más  de 7 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares en los primeros seis meses del año debido a inundaciones, sequías o deslizamientos de tierra.

El IDMC es la principal fuente mundial autorizada de datos y análisis sobre desplazamiento y, desde 1998, forma parte del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC en sus siglas en inglés).

El impacto del cambio climático es más que evidente a lo largo y ancho del planeta: sequías extremadamente largas y frecuentes, precipitaciones inusualmente  torrenciales, inundaciones, etc., etc. Es decir, el cambio climático destruye cosechas, mata rebaños y hace invivibles áreas enteras.

Y el impacto en zonas menos desarrolladas es mucho más grave y se traduce en la pérdida de la forma de vida de millones de personas. Según el IDMC, en 2018 se contabilizaron 17 millones de desplazamientos relacionados con desastres naturales y con los efectos del cambio climático. Otro informe elaborado por el Banco Mundial asegura que el cambio climático expulsará de sus hogares a 140 millones de personas en los próximos 30 años. Para los responsables del informe, “en el clima cambiante de hoy, el desplazamiento masivo provocado por eventos extremos se está convirtiendo en la norma”.

Desplazados por desastres naturales (azul) y conflictos armados (naranja) en la primera mitad de 2019 IMDC
Desplazados por desastres naturales (azul) y conflictos armados (naranja) en la primera mitad de 2019 IMDC

 

Los factores que provocan las migraciones a nivel internacional son complejos y cambian con el tiempo. Sin embargo, históricamente, la mayor parte de los estudios se han centrado en aspectos políticos, relacionados con la persecución ideológica o con la guerra en los países de origen, y socioeconómicos, como la expectativa de mejora en las condiciones de vida.

A pesar de la evidencia de todo ello, en los últimos años, el efecto de las variables climáticas en los países de origen ha sido estudiado como uno de los motores de la migración, especialmente debido al impacto que el cambio climático puede producir en las condiciones de vida.

Otras investigaciones muestran también como los fenómenos meteorológicos extremos pueden generar desplazados de forma indirecta, alterando  la estabilidad de los países afectados. En ese sentido, un estudio publicado en 2015 mostró cómo el calentamiento global contribuyó a la sequía y al colapso del sector agrícola en Siria, provocando la inestabilidad en la región que posteriormente daría lugar al conflicto y al éxodo de refugiados.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), anunció el pasado año la creación de un grupo de trabajo para abordar estos desplazamientos y, el pasado diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Mundial para los Refugiados, en el que se reconoce que «el clima, la degradación del medio ambiente y los desastres naturales interactúan cada vez más como impulsores de los desplazamientos de refugiados».

 

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