Ganaron casi todos; perdió la derecha

Las elecciones locales con más participación de los últimos 20 años dejaron muchos triunfadores, dos claros derrotados y muchas puertas abiertas.

 

La mayor parte de los partidos que comparecieron en las elecciones a la alcaldía de Terrassa tiene motivos para alegrarse. En las sedes de PSC, Terrassa en Comú, ERC, Ciutadans y CUP se podía palpar el ambiente euforia del que tiene algo que celebrar. A saber: el PSC no ha salido tan dañado del envite como pronosticaban las encuestas. Los socialistas han vuelto a colocarse, una vez más, como la fuerza más votada en la ciudad. Si bien es cierto que el equipo de Jordi Ballart deberá arremangarse y jugar sus bazas con habilidad para reeditar la alcaldía. no es menos cierto que siguen siendo el partido referente en la ciudad, y que cuentan con más papeletas que los demás para investir a su propio alcalde.

Terrassa en Comú, por su parte, ha superada las expectativas y se ha situado como la segunda fuerza política del municipio. La lista que lideraba Xavi Matilla ha recogido gran parte de los votos que ha perdido el PSC, así como muchos de los indecisos. Esta formación se convertirá sin lugar a dudas en la clave de la alcaldía. La investidura del próximo alcalde pasará indefectiblemente por las negociaciones con esta nueva coalición, que recoge votantes de Iniciativa, de Podemos y de muchas personas que han apostado por el cambio. Este es otro de los datos que subyace de los resultados obtenidos ayer: si reunimos los votos de todos los terrasenses que han decidido darle su respaldo a las formaciones que propugnaban un giro en la política actual (TeC, C’s, i CUP), sumarían más concejales (10) que la fuerza más votada, el PSC (9).

Sin embargo, la heterogeneidad de las filas de la formación (cuenta con miembros de Iniciativa, de Podemos y Guanyem Terrassa) hace que las posibilidades de pacto se multipliquen. Las directrices de Podemos eran claras: no pactar con ningún partido de la «casta». Las de ICV, sin embargo, podrían ser muy distintas. A los ecosocialistas les avalan varios pactos con el PSC, con excelentes resultados. La opinión de los miembros de Guanyem podría resultar decisiva en este aspecto.

ERC, por su parte, vuelve por la puerta grande. Los republicanos no tuvieron representación consistorial durante los últimos cuatro años. El repunte de la formación en el ámbito catalán se ha reflejado en los resultados de los comicios egarenses. La candidatura de Isaac Albert se ha convertido en la tercera fuerza más votada de la ciudad, haciéndose con cuatro ediles. Así, resulta inevitable ver a Esquerra como otra de las grandes claves en la elección del alcalde. Ahora toca esperar los movimientos de la formación. Un pacto con sus antiguos socios del PSC otorgaría la mayoría a los socialistas. Si deciden prescindir de la opción continuista, una alianza con Terrassa en Comú les situaría por encima de la lista de Ballart.

Otros que tienen motivos más que de sobra para festejar son los miembros de Ciutadans. La lista de Javier González ha irrumpido con fuerza en el panorama político local y se ha hecho con unos meritorios tres concejales. El sangrado de votos de las formaciones de derechas (CiU y Partido Popular) ha sido perfectamente aprovechada por C’S, cuya ambigüedad en el discurso ha logrado rascar también muchas papeletas entre votantes de centro, de izquierda moderada e indecisos.

La última fiesta la encontrábamos anoche en el local de la CUP. En su segunda comparecencia en unos comicios municipales, la Candidatura d’Unitat Popular logró su primer concejal. Maria Sirvent representará a la formación en el Consistorio. Si bien resultó un hito para la formación, su papel no se presume decisivo a la hora de negociar pactos para alcanzar la alcaldía.

Y en el otro lado de la balanza, los perdedores. Los que no tenían nada que celebrar, por lo mucho que han perdido. El paradigma de la decepción se encontraba ayer en la sede convergente. CiU se ha desangrado en Terrassa, y ha pasado de ser la segunda fuerza más votada, con nada más y nada menos que nueve concejales, a hundirse en la cuarta plaza, con sólo tres ediles. La figura de Miquel Samper no ha cuajado, ni entre los votantes habituales, ni entre los indecisos. Ni entre los independentistas, que han preferido otras opciones como ERC y CUP, ni entre el centro-derecha, que ha apostado por C’s. El varapalo ha sido enorme, y en los juegos de pactos no se vislumbra un papel importante para la federación.

Por último, el Partido Popular ha firmado casi una orden de derribo. Gabriel Turmo será el único representante popular en el Consistorio. Los votantes egarenses han castigado al PP, que ha perdido tres de los cuatro concejales obtenidos en 2011. EL panorama ayer en la sede del grupo local era desolador, y así lo refrendaban las lágrimas de Turmo.

Ahora suena el pitido inicial para el partido de los pactos y las alianzas. Todas las formaciones deberían reflexionar en profundidad e intentar contestar a una ciudadanía que ha sido la primera en responder. El 54,64 por ciento de participación registrado ha convertido estas últimas elecciones en las de mayor participación de los últimos 20 años. Los terrasenses han hablado. Ahora sólo falta saber si los políticos les han escuchado.

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