El virus Corona desnuda a la humanidad Los cambios estructurales de la naturaleza están definiendo nuestro mundo actual.  El coronavirus ofrece una visión aterradora del futuro, nos permite ver lo que podría suceder en un futuro no muy lejano. Este futuro viene acompañado de manifestaciones catastróficas del cambio climático, como los incendios forestales prolongados y inundaciones que se vuelven comunes.

Solo hace 8 días, el 10 de marzo, la ONU advirtió que el mundo está «fuera de camino» en el manejo de la emergencia climática y el tiempo se agota rápidamente. El informe concluye que en los primeros meses de 2020 hubo un aumento del hambre, el desplazamiento y la pérdida de vidas debido a las temperaturas extremas, fuegos prolongados y inundaciones en todo el mundo. No sirvieron las mascarillas para evitar los efectos de la contaminación ni tampoco servirá el papel higiénico contra el coronavirus.

Los científicos dijeron que la amenaza era mayor que la del coronavirus, y que los líderes mundiales no deben desviarse de la acción climática. Lo que no sabían hace 8 días es que el mismísimo Coronavirus pararía el calentamiento global, parando la economía mundial. Ahora al capitalismo y con él los líderes mundiales, no les toca reducir la actividad industrial contaminante sino volver a hacerla funcionar.

El 2019 registró las temperaturas oceánicas más cálidas, con al menos el 84% de los mares experimentando una o más olas de calor marinas. Las temperaturas del aire en la superficie en todo el mundo fueron las más altas jamás registradas.

En 2018, la Organización Mundial de la Salud predijo una amenaza de lo que llamó «Enfermedad X», sobre la base de que «una epidemia internacional grave podría ser causada por un patógeno que actualmente se desconocía como causante de enfermedades humanas».

El coronavirus destaca la terrible paradoja que hace que el calentamiento global se sienta tan inevitable.

Una recesión inducida por una pandemia arruinará la vida de las personas. Especialmente la clase media y cientos de millones de personas desfavorecidas. Si la economía deja de crecer, cientos de millones de personas perderán el empleo, el estado del bien estar e incluso sus hogares. Muchos tendrán que trabajar más duro por menos salario, abandonando los sueños del bien estar y abrazando las ambiciones para luchar por la supervivencia.

Sin embargo, la buena noticia y al mismo tiempo contradictoria, es que una recesión casi seguramente también significa que las emisiones de carbono caerán, tal como lo hicieron durante la crisis financiera del 2008-09.

Esto se debe a que la expansión económica de la que dependemos requiere que, cada año, la industria consuma cada vez más recursos naturales. Un estado del bien estar al estilo capitalista, significa una economía en crecimiento, y una economía en crecimiento exige al planeta lo imposible,  ya no pueda dar más de sí.

Para ser claros, una recesión no es una buena noticia, de ninguna manera o forma. Pero puedes ver la contradicción fundamental en la que estamos atrapados: El capitalismo debe expandirse o caer en crisis. Pero una economía dependiente del crecimiento perpetuo debe, en algún momento, entrar en conflicto con los límites del mundo natural.

En las naciones en desarrollo, por ejemplo, la implacable expansión del capital significa que las ciudades ahora invaden cada vez más las tierras silvestres y las propiedades campesinas. Con la agricultura industrial reemplazando a la agricultura tradicional, los brotes virales se vuelven más probables. Como explica el biólogo evolutivo Rob Wallace “El cultivo de monocultivos genéticos de animales domésticos elimina cualquier cortafuego inmune que pueda estar disponible para ralentizar la transmisión. Los tamaños y densidades de población más grandes facilitan mayores tasas de transmisión”.

Las emisiones bombeadas a la atmósfera representan otra faceta del mismo problema: una incompatibilidad cada vez más evidente entre los ciclos económicos y naturales.

Los científicos nos dicen que, si continuamos en este camino, los fenómenos meteorológicos extremos y otros desastres se volverán cada vez más comunes. La experiencia de las últimas semanas muestra precisamente lo que eso significa.

«El capitalismo enfrenta a la humanidad con la naturaleza. Destruirá a ambos, si lo dejamos».

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