El Sahel camina hacia un Estado Islamico

Las soluciones militares claramente no han tenido éxito en la lucha contra el terrorismo en el Sahel. Las lecciones de la guerra de Estados Unidos en Afganistán deberían haber obligado a la comunidad internacional a afrontar con responsabilidad los hechos. No lo ha hecho. Por sí solos, Kalashnikovs no pueden derrotar la ideología ni resolver los problemas estructurales que alimentan la radicalización de los jóvenes que continúan uniéndose a Boko Haram y al Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS, por sus siglas en inglés).

La operación francesa Serval es un ejemplo. Esta campaña liberó las ciudades del norte de Malí de las manos de los yihadistas en una operación espectacular, y evitó la caída de Konna. Konna era un puente  que impedía el acceso a Bamako de determinados asaltantes en enero de 2013.

Sin embargo, Barkhane, la operación actual, no puede desterrar a los terroristas del norte de Malí o de las afueras de Níger, donde convergen los peligros del conflicto libio y la inestabilidad sahelo-sahariana .

Los grupos terroristas prosperan en el Sahel y tienen la capacidad para coordinar operaciones relativamente importantes. Mientras tanto, hay una mirada de partes interesadas internacionales, incluso dentro de la «familia» europea, que ahora busca desempeñar un papel importante. Esto incluye a Alemania, que  no está dispuesta a quedar en segundo plano en asuntos relacionados con el Sahel y África occidental. Por tanto, el país germano se ha movido y ya no es Francia el único estado europeo presente en la zona.

El terrorismo extiende sus tentáculos

El frente terrorista se ha expandido más allá de su epicentro maliense hacia la región. El centro de Malí se ha convertido en una zona de grandes tensiones que se han extendido hasta las provincias de Sum y Udalan, en la vecina Burkina Faso.

En estas condiciones, muchos analistas están perdiendo el rumbo. Recientemente, se han dado cuenta de que los ataques en Uagadugú, capital burkinesa, en agosto de 2017 y marzo de 2018, marcaron el final del excepcionalismo en África Occidental. También, ha quedado claro que el ataque de Grand-Bassam, Costa de Marfil, en marzo de 2016, marcó el comienzo de una nueva era, en la cual los ataques se muestran impredecibles.

Ya no sé puede negar que las soluciones militares han sido un mal necesario en el intento de evitar las crecientes amenazas y proporcionar alivio. Los países de la región han vivido bajo una presión de seguridad destacada. Además, la experiencia pasada y las realidades cotidianas de las poblaciones en las zonas fronterizas muestran que, en última instancia, no son realmente efectivas ni duraderas.

Por si fuera poco, las intervenciones de las fuerzas militares y policiales inspiran y alimentan la propaganda terrorista. Los grupos yihadistas dominan el uso de símbolos para enviar sus mensajes a las personas que se encuentran en desorden por las medidas de seguridad que matan las economías locales. La población local también se ve afectada por continua inseguridad diaria a pesar de los impresionantes arsenales de los ejércitos.

Desafortunadamente, Abul Walid Al-Sahraoui , el autor intelectual actual del Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS), eligió el enfoque «correcto» después del final de la operación Serval. Evitó las estrategias generales que requerían una organización y logística complejas. En cambio, creó un número cada vez mayor de zonas inestables y aprovechó los conflictos étnicos y comunitarios con una apariencia «simple», «islámica».

En su opinión, la inestabilidad provoca, sin margen de error, la intervención occidental, una de las mejores fórmulas en la ofensiva propagandística yihadista. Esto juega hábilmente con los fracasos occidentales y las posibles transgresiones para alimentar los fuegos de frustración necesarios para reclutar nuevos combatientes.

La situación de seguridad en el Sahel requiere un cambio de paradigma de una solución estrictamente militar. En ese punto, Alemania está diseñando su puesta en escena a través del delicado acto de equilibrio del desarrollo económico.

Además del empeoramiento de la crisis en el Sahel, existen puntos de vista muy divergentes con respecto al conflicto en sí, con una brecha entre los enfoques internacionales y las percepciones locales.

La estrategia terrorista

Al mismo tiempo, los grupos terroristas están redefiniendo su estrategia, alimentándose y agravando los conflictos intercomunitarios. Esto les da dos ventajas. En primer lugar, aumenta el número de áreas inestables en la región. En segundo lugar, ejerce presión sobre la comunidad internacional, obligándola a la intervención militar, una fuente de radicalización y forraje para la retórica yihadista.

Desafortunadamente, ataques como los de principios de año en la aldea de Yirgou Fulbé, en Barsalogho, en el norte de Burkina Faso, se extenderán. El centro de Malí volverá a ser el centro de las preocupaciones, y los países vecinos ciertamente se verán afectados.

Burkina Faso ha entrado en un ciclo de violencia provocado por conflictos intercomunitarios que, inicialmente, no tenían nada que ver con la religión, sino más bien con las preocupaciones sobre los bosques, los cultivos y las tierras de pastoreo.

Gracias a estrategias internacionales descoordinadas, los grupos terroristas están ampliando su alcance de acción en el territorio. La ofensiva sin precedentes en Burkina Faso se ha diseñado para romper la última barrera entre el Sahel y la costa.

Actualmente, las condiciones están maduras para la consolidación de Estado Islámico en el Gran Sahara y establecimiento de un proyecto físico y político concreto. Esta opción cobra cierta fuerza especialmente en Burkina Faso, una región intermedia entre la costa de África y el Sahel, y, en particular, en áreas como Gorom Gorom y Markoye, en la provincia de Udalan.

El hecho más sorprendente acerca de la situación en el Sahel es que los analistas occidentales siguen estancados en el paradigma yihadista. Su vocabulario todavía está salpicado de términos como «grupos islámicos», «células yihadistas» y «radicalización» cuando la amenaza se ha hibridado durante mucho tiempo, con un aumento significativo en el conflicto entre comunidades. Incluso en las narrativas terroristas, la retórica religiosa está dando paso cada vez más a la exacerbación de las tensiones comunitarias. La era del yihadismo ideológico basado en el discurso religioso ha pasado a un segundo plano en muchas zonas del planeta.. Hoy en día, las comunidades locales solo ven «crimen» y pobreza.

Progresivamente, el Sahel se desliza subrepticiamente y de forma inevitable hacia una nueva era, que por falta de otro nombre, insinúa un mundo posyihadista. Está claro para las poblaciones locales, mucho más que para los académicos y «expertos»  de la región. 

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