El fundamentalismo cristiano: Un despertar fariseo con cara de racismo y neoliberalismo

Articulo de : El Bashir Abdesalam

Traducción y adaptación para InfoTalQual: Youssef Temsamani

Introducción

Reveló el ataque de de los simpatizantes del ex-presidente estadounidense Donald Trump al edificio del Capitolio una crisis política sin precedentes en los Estados Unidos de América, y las imágenes de violencia y saqueos que se difundieron a través de canales de televisión y redes sociales provocaron múltiples interpretaciones sonbre la nueva política y realidad social en el país más poderoso del mundo, centrándose en su mayoría en la personalidad del presidente Trump como responsable principal sobre el revuelo que se produjo. Y en medio de este torrente de análisis y comentarios, similares en muchos de sus puntos, Me llamó la atención una rápida declaración del corresponsal de la Sexta en Washington, Guillermo Fesser cuando dijo que: “En las primeras filas de los atacantes habían muchos fanáticos religiosos y habían muchos veteranos de guerra […] Esta gente lo que quiere es convertir esto en una revolución como Irán, es decir una revolución teocrata donde haya un señor religioso en el poder […] No todos los que apoyan a Trump son intolerantes pero por alguna razon todos los intolerantes parecen apoyar a Donald Trump.

Esta afirmación, que me pareció en ese momento diferente al resto de los análisis políticos que se repetían en diversas formas, coincidía con mi trabajo de traducir un libro relacionado con el fundamentalismo en sus múltiples versiones y la teología de la liberación en el mundo, y me parecía bajo mi punto de vista que la insistencia de este reportero en hacer del fundamentalismo cristiano el foco de la crisis – junto a otros elementos – en los Estados Unidos merecedora de ser abordada y analizada en un momento en que el mundo todavía ve al fundamentalismo islámico como el único peligro, y que la naturaleza de la religión cristiana y la experiencia de la transición al secularismo se consideran una válvula de escape para occidente contra cualquier posible fundamentalismo religioso.  ¿Es hora de que Occidente preste especial atención al peligro de que el fundamentalismo emerja de su sistema cultural, o sigue insistiendo en reducir el fundamentalismo a su versión islámica?

Fundamentalismo e ilusión de inmunidad:

Marx y Engels escribieron en El Manifiesto Comunista: «Hay un nuevo espectro que acecha a Europa, contra el cual todos los poderes de la vieja Europa se han unido con un ritmo terrible: el Papa y el Zar, los radicales franceses y la policía alemana».

Por supuesto, querían decir con el nuevo fantasma el «comunismo», contra el cual se movilizaron todas las fuerzas políticas y de seguridad clásicas, y elegí invocar este término para describir lo que sucedió en Europa y Occidente en general durante las últimas dos décadas, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y el estado de extrema alerta contra el nuevo fantasma, esta vez denominado «fundamentalismo islámico», donde se observó un interés inigualable por estudiar el fenómeno del fundamentalismo islámico o el islam político, ya sea en centros de investigación privados o a través de departamentos universitarios que se ocupan de las ciencias humanas. Parecía que la investigación de la historia del Islam en general y el surgimiento de movimientos fundamentalistas y su expansión en particular, está aumentando constantemente con la misma creciente frecuencia de los ataques terroristas en occidente en particular, considerando que el estudio de este fenómeno es imperativo para identificar al verdadero enemigo que vulnera la estabilidad y la prosperidad de occidente y amenaza sus valores civilizatorios que fueron el resultado de una larga lucha contra la regresión eclesiástica y feudal.

Este interés (miedo) por el fenómeno del fundamentalismo islámico en los círculos académicos y mediáticos se estaba produciendo en paralelo con el enfoque de los países occidentales que centraron sus esfuerzos de seguridad e inteligencia, en lo que se conoce como la guerra contra el terror para enfrentar la escalada de la ola de amenazas fundamentalista que amenazaba el centro de occidente o sus márgenes, donde donde se ubican sus intereses vitales, siendo un enfrentamiento que conoció en muchos casos una exageración sonre este peligro y extremismo en el análisis y se utilizaba este tema para resolver disputas políticas internas o para legislar leyes estrictas que tenian serias implicaciones para la libertad y los derechos de ciertos grupos que son los más vulnerables, entre ellos los inmigrantes o sus hijos de segunda y tercera generación.

Así, el fenómeno de la islamofobia se agravó, especialmente tras el aumento del número de refugiados de países islámicos, lo que provocó graves alteraciones a nivel de las relaciones sociales y la convivencia, como si el occidente capitalista insistiera en repetir su experiencia previa con el peligro rojo, que Amin Maalouf resumió en su cita: “Hay dos grandes desgracias en el siglo XX: el comunismo y el anticomunismo, y en el siglo XXI también hay dos grandes desgracias, el fundamentalismo y antifundamentalismo”. Y es lo que hemos observado en varios procedimientos, leyes y detalles en la medida en que hasta se asoció el termino fundamentalismo directamente con el Islam. Por ejemplo, encontramos que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su 22ª edición define el fundamentalismo como un movimiento religioso y político de masas que busca restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica en la vida social».  Sin embargo, el término «fundamentalismo» de hecho tiene una connotación diferente en la herencia teológica y jurisprudencial islámica. En cuanto a su connotación política contemporánea, se plantea en occidente específicamente, para referirse a una secta cristiana específica, que es el Evangelismo Pentecostal en Estados Unidos de América, posteriormente se aplicó a otras áreas de deliberación, como sucedió con el término globalización que se originó en un contexto económico para generalizarse a otros contextos.

Fundamentalismo cristiano:

Un rostro modernista y un espíritu retro.  Así pues, y en medio del interés por la guerra mediático y de seguridad contra el terrorismo fundamentalista islamista, un fundamentalismo cristiano muy extremo estaba creciendo, y su peligro no era menor que el primero, más bien, hay quienes lo consideran aun más peligroso, porque es un fundamentalismo apadrinado por personas influyentes en los estados y las principales instituciones económicas y políticas, pese a mostrar una fe en la democracia y la modernidad, se alían por otro lado con las corrientes cristianas conservadoras y reaccionarias y adoptan sus ideas a diferencia de los fundamentalistas islámicos, que deliberadamente parecen en muchas ocasiones rebeldes contra la modernidad en sus atuendos, ellos equiparan la modernidad en apariencia y la rechazan en esencia.

Esta alianza ha comenzado a aflorar en las sombras y se manifiesta en la figura de algunos rostros políticos bien conocidos, como el expresidente estadounidense Donald Trump y sus homólogos en Brasil, Hungría y Polonia, y tambien algunos destacados responsables en importantes países como el exministro del Interior italiano Matteo Salvini, así como en grandes organizaciones, como la Asociación Española de Abogados Cristianos o la Christian Coalition for Traditional Values ​​y la Christian Economy Foundation en los Estados Unidos de América, así como en partidos Derechistas que han emergido con fuerza como el Partido Patriota en Brasil o el Partido VOX en España.

Y aunque los medios de comunicación en occidente no arrojan suficiente luz sobre este inquietante fenómeno, si que encontramos una severa crítica entre algunos destacados sociólogos y teólogos, como el español Juan José Tamayo, especialmente en su reciente libro: «La internacionalización del odio, el Establecimiento y el desmantelamiento”, cuya idea de redacción surgió en un momento en el que el autor daba conferencias a estudiantes de magisterio en una universidad teológica en Brasil. Uno de los estudiantes le preguntó sorprendentemente: ¿Por qué cuando estamos en la Iglesia nos piden que no hablemos de política mientras que el presidente Bolsonaro siempre está hablando de la Biblia?  Tamayo respondió con firmeza: “Dado que Bolsonaro no es un teólogo, sino un hombre de autoridad, y habla de la Biblia, inevitablemente pertenece al cristianismo neofascista”. Este último término -afirma Tamayo- fue tomado de la teóloga Dorothy Saul, quien lo utilizó para referirse a la alianza de las iglesias católica y protestante con el Führer (Hitler), y luego Tamayo lo generalizó a todas las instituciones fundamentalistas en los estados americanos y América Latina que apoyan a líderes políticos que adoptan claras posiciones fascistas, y agrega que el uso del sufijo «neo/nuevo» es intencional, porque hemos llegado a una etapa en la que todo lo que es «neo/nuevo» o «post/posterior» es peor que el original.

El peligro de la alianza fundamentalista cristiana y su matrimonio con líderes neoliberales tiene repercusiones peligrosas,  porque está empujando a rechazar todas las propuestas que piden la igualdad en las relaciones familiares, la superación de la catastrófica situación del cambio climático, y todo lo que apruebe proyectos que conduzcan a la igualdad de oportunidades, sin mencionar que es una alianza racista que intenta instaurar la supremacía del elemento blanco sobre el resto de las razas, que es lo que llevó por ejemplo, al teólogo afroamericano James Kuhn a advertir que “el Cristo de los europeos blancos no tiene mucho que decir a los millones de estadounidenses negros privados de derechos básicos ”, y tal vez sea lo mismo que el comentario de otros teólogos de la liberación indígena en América Latina, este continente donde hemos contemplado una serie de golpes o intentos de golpe contra gobiernos progresistas, como los de Brasil con Dilma o Bolivia con Morales, que tenian como objetivo reemplazarlos por nuevos gobiernos ultrarreaccionarios aliados con el neoliberalismo y la Iglesia conservadora que ha implantado el odio en nombre del amor, a través de sus instituciones y partidos indirectamente.

Así, estamos asistiendo a un número cada vez mayor de líderes occidentales que insisten en invocar símbolos religiosos durante sus discursos promoviendo el odio, el racismo y la tiranía.

Como cuando salió Trump, Biblia en mano impugnando los resultados de unas electorales democráticas, o cuando samieron sus aliados golpistas en Venezuela y Bolívia, cosa que estaba Matteo Salvini acostumbrado a hacer en sus discursos pese a no haber sido ni bautizado, siempre insistía en aparecer frente a sus seguidores llevando el rosario y la cruz, no para pregonar por el amor como hacia Cristo, sino para anunciar medidas para oponerse a los musulmanes y expulsar a los inmigrantes, todo a través de un discurso impregnado de la masculinidad fanática y el racismo del hombre blanco, algo que a menudo empuja a algunos clérigos cristianos honorables en Italia a repudiar su extremismo. Esto no ocurre en muchos otros países, como España, donde los clérigos no salen a denunciar las declaraciones incitantes al odio de algunos líderes políticos neofascistas de partidos de derecha, como VOX, o contra las declaraciones de algunos. miembros de asociaciones fanáticas, como Abogados Cristianos» o el grupo Yunque.

De hecho, algunas de estas personas participaron recientemente en una manifestación nazi en Madrid para conmemorar el aniversario del envío por parte del dictador Franco del Cuerpo Azul que ayudó a Hitler en su guerra contra Rusia, haciendo resonar frases racistas durante esta manifestación contra judíos y musulmanes y otras vulgares contra la izquierda.

Tamayo sostiene que este silencio y connivencia de la Iglesia en España con estos activistas radicales políticos y actores colectivos se deriva del hecho de que el clero español no se siente lo suficientemente cómodo bajo la democracia y el principio de separar la religión de la política, aunque la sociedad española es una de las sociedades más laicas de Europa, siendo el quinto país con mas agnósticos y que no se rige por la moral de la Iglesia católica, por otro lado existe una sólida Jerarquía católica que pretende representar al cristianismo, y que goza del reconocimiento de todos los partidos que gobernaron España durante la transición democrática, incluido el partido de izquierda.

¿Falló el proyecto de secularización?

Tenemos derecho a preguntarnos, a la luz de esta escena inquietante, sobre las razones de este creciente ascenso del fundamentalismo en Occidente y su penetración en las instituciones y la esfera pública. Tamayo cree que las predicciones de los pensadores y teóricos del siglo XX sobre el curso de la secularización no fueron lo suficientemente correctas.  Es decir, afirmaron que cuando la religión se aísla en el ámbito privado, es decir, en el campo de la fé dentro del espacio de los templos o dentro de lo que se conoce en el campo deliberativo cristiano como conciencia, evitará a la sociedad muchos de los problemas que se le plantean.

La Ilustración vino a luchar y establecer alternativas, esto se debe a que cuando la religión ingresa a la esfera pública, legitima la dictadura y los regímenes totalitarios, aunque parece que este diagnóstico quedó como un diagnóstico incompleto, lo que llevó tanto tanto a Stark como a Bainbridge a advertir estrictamente que «la religión seguirá como ha existido a lo largo de la historia, quizás con una fuerza inesperada, y lo que sucederá es que se expresará a sí misma de muchas maneras, incluido el fundamentalismo. Y el nuevo ritualismo».

Así, cuando los teóricos seculares creían que con los avances en el tiempo la religión perdería todo significado político para que los grandes temas pudieran expresarse a través de una esfera pública independiente, se sorprendieron a mediados de los años setenta del siglo pasado por el auge de lo que la Generación Keppel denominó como el fenómeno de «La venganza de Dios», en el que la religión ocuparía la esfera pública como elemento nacional más que un valor, es decir, como componente básico de la identidad cultural de los pueblos, y así es como el Islam político apareció para confrontar el imperialismo y la intervención occidental, el sionismo pareció realizar el sueño de una patria para los judíos, y el fundamentalismo cristiano apareció en sus dos versiones: El catolicismo con la elección del Papa Juan Pablo II a la cabeza del Vaticano y su derrogación de las decisiones del segundo concilio vaticano, que legalizó el secularismo y el protestantismo, especialmente con el ascenso al poder de Reagan en los estados de EE.UU. cuando la frase «Dios bendiga a América» ​​cobró fuerza en los discursos presidenciales, heredandola el resto de presidentes posteriores y con ella heredaron tambien esa nostalgia por la era en la que Estados Unidos era llamado “La nación protestante”. Roger Garaudy había advertido anteriormente que desde la época de Washington, los líderes estadounidenses se habían considerado a sí mismos como el brazo armado de la providencia del Señor. Pero lo que comenzó como una defensa de la identidad dará un nuevo giro y se extenderá a dominios sociales, económicos y políticos más sensibles y extremos, especialmente en la versión protestante, que si bien el resto de los fundamentalismos comparten sus rasgos generales como (la ausencia de cualquier lectura hermenéutica del texto sagrado, y una visión pesimista de la realidad versus la nostalgia de una realidad imaginada y supuesta, y lanzó el relativismo, la globalización de lo local, la generalización de lo especial, la elevación de una opinión cuestionable al nivel de lo el dogma, la simplificación de lo complejo, la perpetuación de lo temporal y lo histórico, la reducción de la multiplicidad en uno etc), no podemos obviar que sigue siendo un fundamentalismo más peligroso e influyente.

El fundamentalismo protestante y su matrimonio con el neoliberalismo

En su interesante libro “¿Y si Dios es un activista de los derechos humanos?” El destacado sociólogo Boaventura de Sousa Santos sostiene que si el fundamentalismo islámico plantea cuestiones relacionadas con el rechazo de algunas características de la modernidad occidental, la interpretación estricta de la Sharia (como una ley divina) y su incompatibilidad con los sistemas democráticos y los derechos de las mujeres, entonces sucede lo mismo -aunque en diferentes formas- con el fundamentalismo cristiano, especialmente el protestantismo, que apareció principalmente en Estados Unidos y luego se trasladó a América Latina, África y Asia, y se conoce como la «Nueva Derecha Cristiana».

El pastor bautista Jerry Falwell es uno de los principales directores de Christian New Right, y su organización «Moral Majority» junto con otras organizaciones similares, se han convertido en grupos de presión que han hecho campaña en una gran cantidad de temas de política pública como el aborto, la homosexualidad, la enseñanza de la teoría del desarrollo natural en las escuelas, el peligro del humanismo secular, la legislación sobre los derechos de las minorías y la oración en las escuelas públicas.

José Casanova cree que la corriente dominante del protestantismo fundamentalista puede reconfigurar la hegemonía cultural del protestantismo evangélico en aras de borrar la constitución, la República y la sociedad civil estadounidense.

El argumento central de estos movimientos fundamentalistas es que la sociedad moderna ha liberalizado la familia, la educación y el aborto, lo que se considera una traición a un conjunto de valores cristianos.

Por ello, los partidarios de esta corriente defienden la más mínima injerencia del Estado en la vida privada, como dice Falwell: “Hacemos un llamamiento a una legislación para proteger a la familia, que estimule el restablecimiento de la unidad familiar, la autoridad del padre y el clima tradicional del poder […] y que fortalezca las relaciones tradicionales entre marido y mujer», y también piden la reintegración de algunos asuntos del ámbito privado que fueron previamente introducidos por los movimientos libertarios -especialmente los de tendencia feminista- en el ámbito público. Así, Falwell cree que: “Debemos rebelarnos contra la enmienda relacionada con la igualdad de derechos, y contra la revolución feminista y la revolución gay”. Al mismo tiempo, se esfuerzan por ungir las estructuras del estado, especialmente la educación y el establecimiento de un estilo de vida estadounidense que se ajuste a «la ley de Dios» y agrega: «El comportamiento correcto debe convertirse en el estilo de vida estadounidense […] y la autoridad moral de la Biblia debe ser reconocida nuevamente como el principio legal fundamental que guía a nuestra nación».

En 1984 Richard Figuere, uno de los rostros más prominentes de la Nueva Derecha Cristiana, afirmó que «los conservadores deben hacer bien en llegar a ese día en que la lucha en las elecciones presidenciales sea entre un demócrata conservador y un republicano conservador, y entonces podríamos ir a pescar o jugar al golf, porque entonces «Tenemos la certeza de que gane el demócrata o el republicano, las dos cosas son iguales».  Después de menos de cuarenta años, parecía que esta profecía se había cumplido, y Trump es el tercer presidente estadounidense, después de Reagan y George Bush Jr., que cuenta con el apoyo directo del fundamentalismo protestante.  Por eso siempre afirmó en muchas ocasiones su deseo de permitir que la Iglesia esté presente en la esfera pública y de garantizar lo que él considera su derecho a expresar sus opiniones políticas, sociales y económicas. En su discurso en Barranco de 2016 declaró que “Lo primero que haré es volver a dar voz a nuestras iglesias […] defenderé sus libertades religiosas y su derecho a ejercerlas plena y libremente, como individuos y como dueños de proyectos e instituciones académicas” y agregó que: “Nuestra república se estableció sobre la base de que la libertad no es un regalo del gobierno, sino de Dios […] Entre estas libertades: la libertad de actuar según Nuestras propias creencias”.

Deseoso de devolver el favor al fundamentalismo que lo llevó al poder, Trump pretendía enmendar la Ley Johnson eximiendo de impuestos a las instituciones religiosas, siempre que no interfieran en ninguna campaña política para nominar a una determinada figura para un cargo público.

Para hacer la exención incondicional el proceso de recristalización de la sociedad estadounidense no se limita a la restauración de la autoridad del padre y la tradición, sino que también pasa por la consolidación de lo que ellos consideran la ética cristiana de la responsabilidad y la economía de mercado. El ICE busca defender la propuesta de que la moral evangélica invoca un sentido absoluto de responsabilidad individual, y que la acción humana responsable florece de la manera más productiva dentro de un gobierno limitado, una política descentralizada y una mínima interferencia del gobierno civil en la economía.

North cree que las voces más fuertes durante los últimos cincuenta años fueron las que defendían un socialcristianismo que, en su opinión: “apoyaba fuertemente la intervención gubernamental” y que, debería tener un claro carácter teocrático, ademas cree que “La receta de la riqueza” Para lograr el crecimiento económico de una sociedad radica en seguir la Ley de Moisés, que pide lo que se conoce como “prosperidad evangélica”, que Boaventura Santos considera otra forma de legitimación de la economía capitalista y la desigualdad producida por las clases.  North parte de la presunción de que el Señor quiere gozar de la prosperidad, y vé que este último es incapaz de gozar del lujo en sí mismo, dado que el Señor es quien legitima la riqueza y la dispensación.

Por ejemplo, Gaines responde a la pregunta: ¿Es codicioso codiciar el materialismo? Diciendo que ser rico no significa que seas codicioso o una persona inválida, la codicia segun ella, es cuando dices: «quiero esto y no quiero que lo tengas tu», en vez de un «quiero tener mucho y que tu tambien tengas mucho», lo que no se consideraría codicia.

Si creemos que las bendiciones de Dios no tienen límites, entonces cada persona debe esforzarse por poseer lo que quiere al máximo. Con el dinero como con el amor, cuanto más das, más recibes, y así como el amor es un recurso ilimitado, también lo es el dinero, y ambos fueron creados por el Señor para enriquecer nuestra vida y permitirnos vivir una buena vida feliz y plena.

El estado social, según este punto de vista, es un intento profano de reemplazar el papel organizativo de Dios y un medio de hacer «perezosos» a los individuos, según Kenneth Hagen: “En la época de la iglesia primitiva, los gobiernos no tenían ningún proyecto relacionado con la prosperidad social, y la iglesia era la que se ocupaba de sus necesidades especiales, incluidas las viudas y los huérfanos […] Hoy en día San Pablo dice que los familiares de las viudas son los que deben cuidarlas, y dice que los creyentes deben trabajar con las manos para ganarse la vida […] El hombre que vive dependiente de otros les roba”.

Así, este fundamentalismo pretende que los grupos vulnerables que viven de los subsidios del gobierno estan robando el dinero público, y coloca a las grandes empresas exentas de impuestos en el rango de Cristo todopoderoso.

La expansión de los movimientos fundamentalistas cristianos en todo el mundo, ya sea a través de campañas misioneras o mediante recursos electrónicos, deja un impacto político importante en los temas centrales de los pueblos, y esto es lo que observamos en Brasil, por ejemplo, donde los nuevos pentecostales tienen alrededor de cincuenta y nueve diputados, siendo el segundo grupo parlamentario más grande en la Asamblea Nacional, algo que hizo que el debate político durante las últimas tres campañas electorales se centrara en el tema del aborto en lugar de otros temas importantes, como la economía, la vivienda o la educación, incluso cuando Marco Feliciano, el patrón de una de las sectas pentecostales de «Igreia Evangelica Assambleia de Deus» presidía el Comité de Derechos Humanos dentro del parlamento brasileño, propuso una controvertida ley conocida como el «tratamiento de los gays», que, de ser aprobada, sería permitir que la homosexualidad sea tratada como una enfermedad, en lugar de proponer leyes a favor de grupos social y económicamente vulnerables.

Por tanto, no estamos ante movimientos que se nieguen a participar en los sistemas económicos y políticos por mera nostalgia teocrática, sino que estamos ante estrategias de integración en estos sistemas que emplean mecanismos especiales con el objetivo de incidir en su agenda, y esto es claramente visible desde hace décadas, especialmente en la influencia que ejerce la nueva derecha en la política y la legislación de Estados Unidos y América Latina.

Tanto Davidson como Harris no dudan en considerar a los cristianos teocráticos en Estados Unidos como una nueva versión del fascismo.  Esto se debe a que defienden la pena de muerte contra los defensores del aborto, los homosexuales y las mujeres que se rebelan contra los roles sexuales tradicionales, la necesidad de dejar a los no cristianos detenidos durante la guerra, permitir que los niños abandonen la escuela pública y regresar a la escuela en casa, y depender de la Biblia como referente de la verdad en la ciencia, considerando que La Ilustración es un proyecto anticristiano, como lo es la democracia liberal surgida de la Revolución Francesa.

Si el ataque al edificio del Congreso por parte de extremistas religiosos cristianos nos impulsó a desvelar un poco sobre este fenómeno que ha penetrado en varios países cristianos que alaban la democracia, entonces también hemos advertido que es el fundamentalismo, el que opera en varios niveles, ya sea legalmente influyendo en importantes políticas e instituciones económicas, o Fuera de la ley a través de milicias organizadas que creen en la violencia.

¿Es Occidente lo suficientemente consciente de este peligro que lo amenaza desde dentro de su sistema de civilización, o sigue confinando la amenaza fundamentalista al centro en su próxima versión del margen? ¿Consideramos la alusión del presidente estadounidense Joe Biden en su discurso inaugural a la amenaza del «terrorismo interno» como el comienzo de afrontar este peligro? ¿Significa esto que los demócratas están preparados para todas las posibilidades que puedan surgir del enfrentamiento, sobre todo porque Donald Trump ha prometido venganza por su proyecto, que cuenta con el apoyo fundamentalista a través de su dicho: «Regresaremos de una forma u otra»? ¿Está el occidente capitalista, en su búsqueda de un antídoto para su fundamentalismo religioso, listo para una alianza con la teología de la liberación, o todavía ve a esta última como una amenaza para su ideología capitalista, y si tiene miedo de la teología del odio que amenaza sus valores culturales, y de la teología de la liberación que amenaza su modelo económico, solo que el estado mantenga su neutralidad teológica incluso cuando se enfrenta a los problemas de la religión en la realidad, y que sea suficiente con sus roles legales y de seguridad disponibles, y espera con esperanza que los El fundamentalismo termine de la mano de la religión misma, creyendo en la veracidad de la teoría de Ernst Bloch que dice que «lo mejor de la religión es que produce herejes?

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