El debate: ¿lo ganan los fascistas?

Durante estos días, los medios de comunicación realizan continuas elucubraciones sobre los resultados de los debates televisados. Como siempre, todos barren para casa. Es decir, la valoración del papel de cada candidato se hace en función del prisma ideológico de cada medio. Y así nos va. ¿Quién fue el triunfador? ¿Quién tuvo más credibilidad?

Nadie analiza, o casi nadie, quién dijo más mentiras. Y en ese contexto existe un claro ganador, Vox.

De hecho, que un discurso antidemocrático como el de Vox tenga una plataforma de difusión como la que se les está ofreciendo en los debates televisados ya supone un triunfo para la formación de ultraderecha. En el debate del pasado lunes, el fascismo tuvo la posibilidad de decir lo que quiso y falsear datos sin ningún tipo de pudor. Además, expuso su «programa» sin subir el tono, porque eso ya lo hizo el representante de Ciudadanos, especialmente revolucionado, en prácticamente la totalidad de sus intervenciones.

El discurso de Vox ha empezado a cambiar. En la actualidad, el discurso de Santiago Abascal se ha convertido en una argumentación euroescépticas y más antiautonomías que nunca. Se han equiparado a sus homólogos ultras de Europa. Por poner tan sólo un ejemplo, una mentira tan evidente como la manifestada por Abascal, “el 70 % de las manadas son extranjeros”, no fue rebatido por nadi Las mentiras son las mismas, y en directo nadie las discute. Pero, los últimos razonamientos tienen una base con claras analogías con los partidos europeos.

Hay que tener cuidado con esas cosas porque, ya sabemos, “una mentira mil veces repetida, se convierte en una verdad”. Si continuamos frivolizando y falseando datos tendremos una resultado explosivo.

Hasta ahora, el discurso de Vox era en blanco y negro, alejado del discurso de sus homólogos europeos. Tras el debate, su discurso se parece ahora mucho más al de los extremistas del Viejo Continente como Salvini.

El discurso de Vox ahora no es exactamente el mismo que el que tenía en abril. En agosto, Vox languidecía por una etapa estable que le había estancado. Sin embargo, la repetición electoral les ha resucitado. Y las llamas de Barcelona les han aupado.

Con las segundas elecciones son, seguramente, los más beneficiados. Y si hubiera terceras, todavía más. La gente se ha cansado de la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos que permitan gobernar y ese descontento beneficia al último en llegar y al que más claro lo tiene.

 

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