El conflicto de Karabaj y la complicidad de los intereses

Parece que la balanza se ha inclinado a favor de Azerbaiyán en la región de Karabaj. Es una sorpresa para muchos y, si es así, se producirá una escalada internacional en contra de uno de los actores que más ha contribuido a este cambio, Turquía.

Karajab es reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán y, por lo tanto, se considera oficialmente como un conflicto interno.
A pesar de ello, Armenia puede recurrir a Rusia y los países de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la OTSC, una organización de vocación político-militar compuesta por Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán. En cualquier caso, el tratado no puede activarse en el caso del conflicto entre Azerbaiyán y Armenia sobre la región de Karabaj. Legalmente, ningún país puede salvar a Armenia, y Rusia, país que sí podría, tampoco puede intervenir ya que si los rusos se ponen al lado de Armenia perderían su influencia en Azerbaiyán, y Azerbaiyán tendría también derecho, entonces, a rechazar el papel de Rusia en el grupo de Minsk (el Grupo de Minsk es el grupo de países miembros de la OSCE que pretende resolver el conflicto de Nagorno Karabaj. Los copresidentes del grupo de Minsk son Rusia, Francia y Estados Unidos. Además, el Grupo está integrado por Bielorrusia, Alemania, Italia, Suecia, Finlandia, Turquía, Azerbaiyán y Armenia).
Si las cosas llegasen a ese extremo, el papel de garante de la negociación lo tendría que ocupar otro país, presumiblemente Estados Unidos. Aunque parece que Rusia no estaría dispuesto a renunciar a los equilibrios regionales de la zona.
El Tratado de Seguridad Colectiva también estará en juego, especialmente si Rusia no interviene para proteger a Armenia, ya que los miembros del tratado sacarán conclusiones sobre la efectividad de esta unión y la necesidad de participar en ella.
Es decir, la situación rusa es muy complicada. Por un lado, su intervención en Karajab provocaría el colpaso del grupo de Minsk. Y por otro, su no intervención provocaría también una crisis en el Tratado de Seguridad Colectiva.
La situación obliga a Armenia a suavizar su posición en las negociaciones y quizás intercambiar tierra por tierra, o presionar a Turquía para que a su vez presione a Azerbaiyán para que detenga las operaciones militares, acusando a Turquía o Azerbaiyán.
Cabe señalar que la posición de Turquía, frente e Armenia, es débil. Europa, Estados Unidos, Canadá y Rusia apoyan a Armenia y han reconocido, oficialmente, el genocidio armenio, por eso, cualquier intervención turca en Karabaj será contemplada como una continuación del genocidio, formándose entonces una enorme presión tremenda y adicional sobre Turquía, especialmente porque los armenios están organizados en el mundo y tienen comunidades y grupos de presión fuertes y grandes.
Hasta el momento, no hay una hostilidad declarada entre Rusia, Turquía e Irán, aunque hay un claro conflicto de intereses, pero hay un cierto límite que no conocemos. Si la disputa lo alcanza, la hostilidad saldrá a la luz, sobre todo con la falta de opciones rusas.

En política juega un papel importante el llamado «espacio de decisión»: cuantas más posibilidades hay tras determinadas políticas, más opciones tendrás, y con menos opciones, más posibilidades se amontonan en un único callejón sin salida.

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