De Gonzalez Laya a Albares. ¿un punto de inflexión en las relaciones hispano-marroquíes o un simple punto y aparte? José Manuel Albares Bueno, un madrileño de 49 años se ha convertido en la nueva cara visible de la diplomacia española tras el cese de la polémica Arancha González Laya, a la que muchos consideran chivo expiatorio y cabeza de turco de una pésima gestión diplomática de las relaciones con marruecos.

Barcelona: Yousef Temssamani 

Unas relaciones que se rompieron tras la acogida del líder del Frente Polisario Brahim Ghali en España bajo la identidad falsa de Mohamed Ben Battouch. Un culebrón que hizo correr ríos de tinta y cuyos detalles torpes y patosos nos recordaban a alguna mala película de espías.

Ghali Alias Ben Battouch, entro a España, fue tratado de su enfermedad, hizo una declaración “light” ante el juez Santiago Pedraz de la audiencia nacional y volvió a salir justo como entró, es decir a bordo de un avión privado argelino la madrugada del miércoles dos de junio dejando en ridículo a la administración española,  y marcando un episodio que resultó ser el mayor fiasco de la diplomacia española de los últimos años. Un ridículo que seguirá trayendo cola sobre todo en el juzgado de instrucción numero 7 de Zaragoza donde el Letrado Antonio Urdiales tiene presentada una demanda que esta en curso de instrucción por parte del juez Rafael Lasala Albasini para destapar este escándalo y a los politicos responsables de este espectáculo indigno de una nación democrática que tiene como base la separación de poderes.

Sin embargo las relaciones entre los dos países vecinos empezaron a deteriorarse desde mucho antes, exactamente desde la entrada del ya exvicepresidente Pablo Iglesias y su partido Unidas Podemos al gobierno. Una formación que ha mostrado abiertamente su apoyo al Polisario, presidida por un Iglesias que nunca pareció cómodo con su nuevo rol y nunca supo entender que su conducta revolucionaria como líder de una formación de izquierdas, independentista en el exterior, unionista en España, anticapitalista y antimonárquica, no se asemejan con las exigencias de la vicepresidencia de gobierno de un país monárquico que mantiene compromisos internacionales que marcan el equilibrio de su zona geoestratégica.

A base de declaraciones desacertadas fue acabando con la confianza de su socio del sur hasta que marruecos acabo aplazando una y otra vez hasta la fecha la Reunión de Alto Nivel entre ambos países donde cada año se trataban temas de vital importancia para la zona como la lucha antiterrorista, y el control del trafico de personas y drogas.

Otro punto clave de desencuentro entre ambos países fue la nueva delimitación de las fronteras marítimas por parte de marruecos anexando el monte Tropic que contiene la mayor reserva de telurio conocida en el mundo, unas 2.600 toneladas que equivalen al 10 % de las reservas mundiales de ese mineral imprescindible para fabricar paneles solares y cuyo precio en el mercado fluctúa entre 200 y 500 dólares por kilo. Además de albergar una cantidad de cobalto suficiente para construir 277 millones de coches eléctricos, es decir 54 veces la flota mundial actual de esos vehículos.

El ultimo gran detonante, se llama Donald Trump. La declaración estadounidense reconociendo la marroquinidad de las provincias del sur desataron la ira de la diplomacia española. La ya cesada ministra Gonzalez Laya intento a toda costa quitarle importancia alegando que la solución al conflicto no puede ser unilateral si no bajo la supervisión de Naciones Unidas. Recordemos que marruecos fue el primer estado en reconocer la independencia del país americano con una declaración del sultán Mohamed III en 1777 en la que también se establecieron las bases de un acuerdo comercial que sigue vigente. Una relación que se fraguó con la apertura de la primera representación diplomática estadounidense en el extranjero, la legación americana de Tánger en 1821.

Desde el lunes 12 de julio, el Ministerio de Exteriores español tiene nuevo titular, Jose Manuel Albares Bueno, un diplomático de carrera nacido en 1972 en el humilde barrio madrileño de Usera que curso derecho en la universidad de Deusto después de estudiar el bachillerato en Boston y en el colegio americano de Tánger con una beca. Tras la candidatura de Josep Borrell a las elecciones europeas en 2020, Albares ya fue un fuerte candidato para sustituirle, pero Sánchez se inclinó por González Laya, y nombró a Albarez embajador en Francia.

Anteriormente Albares había ocupado el cargo de Cónsul General del Reino de España en la capital colombiana Bogotá, y luego el cargo de Secretario General de Asuntos Internacionales, Unión Europea, G20 y Seguridad Global.

Albarez como responsable de asuntos internacionales ha sido uno de los asesores más destacados de Pedro Sánchez en diplomacia, relaciones internacionales y política exterior. A pesar de que su trabajo quedaba en segundo plano, lejos de los focos y la atención de la prensa, el nombre de Albares y de su esposa, la jueza francesa Hélène Davo con la que estuvo 25 años casado hasta su reciente divorcio empezó a sonar en 2019 ya que en la misma época en la que Albares era embajador de España en Paris, su esposa Davo era asesora del presidente Emmanuel Macron, circunstancia que convirtió a la pareja en clave para las relaciones entre España y Francia y en establecer contactos con varias comunidades, entre ellas la judia.

La ex esposa de Albares y madre de sus 4 hijos también ejerció de jueza de enlace en la embajada francesa en Madrid entre 2012 y 2016 realizando una labor crucial en materia antiterrorista en época de los embajadores Jérôme Bonnafont e Yves Saint-Geours quien posteriormente fue nombrado asesor del ministro de exteriores y buen amigo de marruecos Dominique de Villepin.

Hoy por hoy, los diplomáticos europeos han entendido que el marruecos de hoy ya no es el marruecos de antaño, y que ya no admite medias tintas, tutelas ni miradas de superioridad de otras naciones, sobre todo las que se autodenominan amigas, vecinas y socias. El marruecos de hoy exige ser tratado de igual a igual en una relación basada en el respeto y la confianza.
Albares tiene ante si, la no facil tarea de recomponer una históricas relaciones en las que ya no se admite el término de «condenados a entenderse» sino más bien el término «win-win»

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