Canarias vive en un sobresalto constante su vecindad con Marruecos

  • Tras el acuerdo de Rabat para la prospección en aguas del Sahara Occidental con la empresa israelí Ratio Petroleum Energy, las voces han vuelto a levantarse en el Archipiélago
  •  El anterior presidente autonómico, el nacionalista Fernando Clavijo, ha demandado al gobierno de España aplicar una estrecha vigilancia para defender las aguas de las Islas

La relación y los vínculos de Canarias con Marruecos son prácticamente inexistentes, a pesar de que la isla de Fuerteventura se encuentra a poco más de 90 kilómetros de la localidad saharaui de Tarfaya en línea recta. Sin embargo cabría deducir, para cualquier observador, que la distancia crece transversalmente por la desconexión, el desinterés y el desconocimiento entre ambas ciudadanías, y en vertical, por el muro que parece levantarse en virtud de la resistencia en la comunidad autónoma isleña a querer saber algo de su vecino más próximo.

De hecho, los sucesivos gobiernos de las Islas, separadas unos 1.800 kilómetros, en su punto más cercano, de la Península Ibérica, han asistido esperanzados, y agazapados, la asunción de Madrid de toda la política exterior posible para levantar un escudo defensivo hacia el Este y no tener que vérselas a cada momento con las supuestas belicosidades del país más cercano, que aparentemente amenaza con engullirlas en sus aguas territoriales, cuando no a anegarla con sus migrantes irregulares o con lo que ya llaman la “Marcha Azul” de invasión y anexión.

 

Recientemente, tras el acuerdo de Rabat para la prospección de yacimientos de hidrocarburos en aguas del Sahara Occidental con la empresa israelí Ratio Petroleum Energy, las voces han vuelto a levantarse para exigir al Estado español que vele por contener cualquier intento de transgresión de la mediana marítima vigente entre ambas costas; nada nuevo porque secularmente ese mismo llamamiento, o clamor, incluida la profusión de artículos e informaciones alarmistas en los medios de comunicación locales canarios, uno de los temas más recurrentes para alcanzar la atención deseada, han sido repetidos en múltiples ocasiones hasta que el espectáculo se deshace por sí mismo y se queda dormido en cualquier rincón de las Redacciones hasta nuevo aviso.

 

El anterior presidente autonómico y nacionalista de Coalición Canaria, Fernando Clavijo, ahora en la oposición, ha demandado estos días al gobierno de España aplicar una estrecha vigilancia y «garantías para la defensa territorial y medioambiental de las aguas canarias” al mismo tiempo que exigió «un pronunciamiento en defensa de la integridad de Canarias y de sus aguas”. Alertó además de la «política expansiva por parte de Marruecos” al autorizar “prospecciones de petróleo y gas en aguas saharauis que no son de su titularidad, vulnerando el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas».

Sin embargo, el ministerio de Exteriores español ha salido al paso, a través del actual presidente canario, el socialista Ángel Víctor Torres, para garantizar que los sondeos anunciados por Marruecos no colisionan con las aguas de las Islas y que además se mantienen contactos bilaterales nacionales para dirimir cualquier duda al respecto. Torres dijo, no obstante, que van a estar «muy atentos y vigilantes» e insistió que cualquier actuación que se lleve a cabo por parte del reino de Marruecos tiene que hacerse respetando la legalidad internacional.

Episodios de pánico frecuentes

Lo cierto es que en Canarias estos episodios de pánico son frecuentes. Basta remontarse al año 2007, cuando el entonces presidente autonómico, ya fallecido, Adán Martín, pidió a Madrid que vigilara el proyecto de construcción de una central nuclear en la también localidad saharaui de Tan-Tan. Esa instalación nunca fructificó, pero la sociedad canaria se movilizó para rechazarla con sonoras manifestaciones en las calles y muchos pronunciamientos al respecto, a pesar de tratarse de un territorio extranjero. Es más, el país magrebí parece posteriormente haber abandonado cualquier pretensión de explorar y explotar esa vía de generación energética y, aunque a lo largo de los lustros siguientes y hasta la fecha se habló de acuerdos con China o Rusia para construir similares estaciones, terminó siendo todo lo contrario, dado que Marruecos se ha convertido en un modelo celebrado internacionalmente de inversión y desarrollo energías renovables y verdes, un hecho que parece desconocerse en las islas españolas. En las hemerotecas de esa época quedará para el recuerdo, y el para el análisis del fenómeno fóbico, el titular de un artículo de un periodista canario, hoy muy premiado en distintos ámbitos mediáticos, que decía: “La energía nuclear en Marruecos: Tan Tan es sólo el comienzo”.

Más recientemente, la polémica, y de nuevo el pánico canario, se suscitó a finales de enero de 2020 con la promulgación en el Parlamento marroquí de dos leyes para declarar su soberanía sobre las aguas del Sahara Occidental y ampliar su demarcación oceánica hasta las 12 millas (22 kilómetros), aparte de delimitar a 200 millas (370,4 kilómetros) su zona económica exclusiva y a 350 millas (648 kilómetros) su plataforma continental. Esta última extensión se solapa con los límites del monte submarino Tropic, que se encuentra a unos 500 Kilómetros al suroeste de la isla canaria de El Hierro, con recursos cuantiosos de teluro, de alto valor para la construcción de elementos tecnológicos, y cobalto; un nuevo culebrón que los medios canarios han aprovechado para hacer correr ríos de tinta por una supuesta apropiación y explotación de ese recurso oceánico que, por otra parte, los expertos consideran inabordable en décadas.

Rabat tranquiliza a España

Ahora bien, el Gobierno de España apenas se inmutó, pues asumió que la decisión parlamentaria marroquí carecía de validez porque no contemplaba ni el derecho internacional ni el estatus legal actual de los territorios saharauis, además de que el protocolo internacional sugiere en estos casos de vecindad marítima una negociación bilateral consensuada; por lo que no podría ser vinculante ni real en ningún caso; lo que de alguna manera vino a confirmar Rabat poco después, cuando tranquilizó a Madrid asegurando que “no habrá política de hechos consumados ni acciones unilaterales”.

Este último hecho habría que circunscribirlo de alguna manera a un paso más en la política de presión de Marruecos y en sus sucesivos intentos para que el Sahara Occidental sea reconocido finalmente por Europa, la ONU y el derecho internacional bajo su soberanía, tal como ha hecho recientemente Estados Unidos, para cerrar un proceso de autodeterminación que la resolución más reciente de Naciones Unidas ya cuestiona al referirse a una solución negociada entre las partes.

Lo cierto es que la política exterior alauita hacia Canarias tampoco parece haber sido un ejemplo de buena vecindad y de comunicación y sí, a lo sumo, y como poco, de indiferencia, a pesar de que en algunos mapas que cuelgan en despachos de instituciones oficiales del país norteafricano figure el archipiélago español bajo su mismo color delimitador, al igual que el Sahara Occidental, unas imágenes que han llegado a la Islas con el consecuente y acostumbrado sobresalto.

Ese contexto vecinal sórdido, unido a la intensa y permanente campaña que el Frente Polisario ha llevado a cabo a lo largo de las décadas posteriores al abandono de España de los territorios del Protectorado, ha prodigado que una amplia mayoría de la ciudadanía canaria simpatice o milite en la causa saharaui y, como contrapartida, tema, y mucho, como así es posible constatar cada cierto tiempo, al vecino invasor marroquí.

 

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