Brasil, la historia anunciada de una tragedia

Los brasileños ya han votado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Jair Bolsonaro -del Partido Social Liberal (PSL)- ha sido el gran triunfador de los comicios con el 46,05% de los votos. Solo le ha faltado un 4% para la mayoría absoluta -situación que hubiera evitado la segunda ronda, fechada en tres semanas-. El ex militar ha cosechado 47 millones de votos y ha sacado 17 puntos a su perseguidor más inmediato, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT). El duelo para la segunda ronda se antoja desigual y con escepticismo para la izquierda y el centro brasileños.

De nada ha servido las distintas campañas contra Bolsonaro. “Mulheres” brasileñas de todos los rincones del planeta  construyeron un frente -englobado en el movimiento “Ele Não” (Él no)- contra la extrema derecha y el discurso violento, xenófobo, misógino y homófobo del candidato militarista. En el mismo Brasil, actrices, periodistas y presentadoras de televisión hicieron fuerza con el fin de evitar el resultado electoral presagiado por la mayoría.

Según la encuesta Datafolha, el 49% de las mujeres rechazan las formas del candidato del PSL. Sin embargo, el 17% de las féminas -una cifra significativa- apoyan la visión del “capitán”. Las #Bolsomitas, mujeres a favor del candidato extremista, tienen a Bolsonaro como un mito y una leyenda y no perciben el retroceso peligroso de los derechos. La polarización en la sociedad brasileña está servida.

Las políticas y actuaciones de Bolsonaro son propias de un movimiento protofascista con posibilidades reales de institucionalizarse en las entrañas constitutivas del país más poblado de América Latina. Ha protagonizado comentarios racistas contra los descendientes de esclavos africanos, se ha opuesto a lucha escolar por las minorías sexuales y contra la homofobia, y ha regalado insultos a todos los perfiles de mujeres.

“No te violaría porque no te lo mereces”, le dijo a la Congresista Maria do Rosario, del PT. También opinó sobre la brecha salarial: no emplearía a una mujer “con el mismo salario que un hombre porque las mujeres se quedan embarazada”. “Tengo cinco hijos. Tenía cuatro hijos, y en el quinto, me debilité y una niña vino”, dijo sobre su hija en 2017. Sobre la homosexualidad afirmó que “nunca se me ocurrió que tendría hijos homosexuales porque tenían una buena educación”. A todo esto, se suma el odio al LGBT, colectivo que acusó de pedófilos.  Una calcomanía de los populismos de extrema derecha estadounidense y europeos.

 Militarización de la política y coerción de la sociedad

“El error de la dictadura fue torturar, no matar”, afirmó el candidato. Violencia con violencia. Bolsonaro ha aclamado abiertamente a la dictadura. También ha elogiado en varias ocasiones la figura del ex militar  y dictador chileno Augusto Pinochet. Bolsonaro no esconde la defensa de la dictadura. La consideraba un mal menor para evitar un regimen comunista en el contexto de la Guerra Fría. Años después, el ex capitán legitima, de nuevo, un ejecutivo formado por militares. Desde su llegada al Congreso en 1991, ha pedido de forma incesante la vuelta del gobierno militar. De hecho, la mitad de su personal para los tareas ejecutivas son militares. De los 15 ministros que ha presentado, una tercera parte son generales. Las fuerzas armadas ocuparían cargos ministeriales en las carteras de defensa, transporte, infraestructura y educación en un futuro Gobierno. Los detractores de la dictadura no olvidan el aprovechamiento de militares como Bolsonaro de la Amnistía de 1979 -clave en la Trasición brasileña- que exculpó a los agentes de las fuerzas de seguridad de delitos contra los derechos humanos.

Además de sus vínculos con el ejército, también se ha decantado por una política basada en la coerción y el empoderamiento de los cuerpos policiales. Bolsonaro defiende la pena de muerte, la castración química, y se ha mostrado favorable de la liberalización de las leyes sobre armas de fuego y tácticas represivas contra la criminalidad urbana y el narcotráfico. La política del brasileño recuerda a la posición pro-armas de Rodrigo Duterte en Filipinas -con ejecuciones extra judiciales en la lucha contra la delincuencia-.

Discurso populista sin una gran estrategia detrás

La alocución de Bolsonaro es intrincada, sin un léxico cuidado, y con una estrategia de pedir perdón -a cambio de decir lo que quiere-. Goza de impunidad por la fuerza de sus seguidores y de la inmunidad de la Constitución brasileña por ser parlamentario.  Su “speech” se ha basado en la seguridad; la reducción de los impuestos en una economía en recesión; una firme oposición contra los medios de comunicación, y la tolerancia cero contra la corrupción.  Este alegato simple ha convencido a las masas y se ha beneficiado de la crisis brasileña para escalar hacia el Palácio do Planalto.

Bolsonaro capitaliza la mayoría del voto masculino, el joven y el de las fuerzas de seguridad -policía y ejército-. Una mayoría masculina anhelados de orden y actuaciones contundentes para solucionar los problemas de Brasil, aunque eso conlleve una supresión de los derechos humanos en general, y de las mujeres y las minorías en particular.

El gran soporte del ex militar ha sido su no vinculación con el escándalo de Petrobras -uno de los mayores casos de corrupción de la historia contemporánea-. La vieja élite brasileña colapsó y utilizó las instituciones para la solución de sus problemas y el retraso de las investigaciones. Otro punto de vista sería el empleo por parte de las fuerzas de Bolsonaro de “Petrobras” como pretexto para quitar de la carrera electoral a todos los potenciales adversarios de Bolsonaro -destitución de Rousseff y encarcelamiento de Lula-. Los casos de corrupción han coincidido con la desaceleración de la economía brasileña tras años de expansión. Los servicios públicos paralizados, el incremento de la delincuencia y los homicidios, y la falta de fondos ha desacreditado al establishment brasileño. La desconfianza de las sociedades más humildes en los políticos -mayoritariamente, en los de izquierdas- ha allanado el camino al ex militar y ha aunado a los deseosos del retorno de la dictadura.

“Trump of the trophics”

La analogía con Donald Trump ha estado presente desde sus primeros pasas hacia las elecciones presidenciales. Diversos puntos unen su política a la del empresario estadounidense: conforma una derecha pseudo moderna y rebelde, lejos del “mainstream” político, pero que bebe del “mainstream” histórico. El “Trump of the Trophics” -así han bautizado a Bolsonaro- fomenta un discurso de odio amparado en la libertad de expresión y que pone al hombre heterosexual y blanco al frente de la sociedad y como victimario de las minorías.

Otro punto en común entre ambos es la indiscutible fuerza en las redes sociales: el candidato brasileño tiene millones de seguidores en sus canales de Twitter y Facebook. El marketing ha fomentado el apoyo de los jóvenes, sin pasado dictatorial y con la actual crisis presente. Las nuevas generaciones -aproximadamente el 60% son votantes de Bolsonaro-  legitiman el ataque del candidato a las minorías y relativizan su discurso de odio.

La carrera hacia do Planalto

Bolsonaro ha hecho carrera en el marco legislativo: 27 años -desapercibido- de Diputado Federal en el Congreso de Brasil, en Brasilia -aún mantiene el cargo-.  La primera gran aparición fue en 2010, tras la llegada de Dilma Rousseff a la Presidencia. La llamaba “tortillera” y se erigía como un firme opositor “contra el comunismo del PT”. De hecho, Bolsonaro votó a favor del “impeachment” -proceso de destitución- que sacó a la mandataria de la Jefatura de Estado. En 2014, Bolsonaro se convirtió en el Diputado más votado en el Estado de Rio de Janeiro. Tras el periplo en el poder legislativo, se ha pasado a la fuerza ejecutiva.

En enero de 2018, las encuestas vaticinaban una segunda posición para el ex capitán -por detrás de Lula da Silva-. Se le despejó la carrera electoral tras el encarcelamiento del sindicalista, por parte del gran verdugo de la izquierda brasileña -el fiscal Sergio Moro-. Además, prohibió la candidatura de Lula desde la cárcel. Bolsonaro pasó de “outsider” e instigador al eventual ganador. El candidato de discurso homófobo fue víctima de un ataque con arma blanca un mes antes de los comicios.

El actual favorito a la presidencia es una especie de antiestablishment por la derecha. Se muestra en contra de los partidos históricos pero con los valores tradicionales de la franja más derechista. Su discurso político seduce a las mayorías conservadoras: la militar -el ejército-, la religiosa -la Iglesia Evangélica-, y la económica. Sin duda, son tres herramientas de control social, especialmente poderosas.

La izquierda -comandada por el PT- ha realizado una estrategia de desgaste hasta el momento: la única solución ante el huracán Bolsonaro. El Partido de los Trabajadores buscarán acercamientos con los progresistas, los centros -izquierda y derecha-, loa derecha tradicional, los ecologistas y otros detractores de Bolsonaro para una segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se esperan con deseo de cambio por parte de los y las #Bolsomitas y con la desesperación de los colectivos discriminados por un ex militar a un escalón de la cima del poder.

 

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