¡Basta ya de racismo en los medios!

Hace unos días publicábamos el penúltimo caso, presuntamente, de racismo cotidiano. Hind Amil, de 16 años, estudiante de primero de bachillerato en un colegio de Santander, denunciaba que le había sido impedida la entrada al centro educativo por llevar un velo. ¿Es España, o Catalunya, un país racista? Sin duda, la respuesta es polémica. Para algunos lo es claramente, para otros sólo se trata de hechos puntuales. En InfoTalQual no nos planteamos esa cuestión, aún y siendo muy importante, nos planteamos el porqué de las cosas, el porqué de esas actitudes racistas, puntuales o generales.
Y en ese punto los medios de comunicación juegan un papel fundamental. En las sociedades industriales, como la nuestra, los periódicos, las radios, las cadenas de televisión y los medios digitales se han convertido en los nuevos socializadores que sustituyen a los clásicos, como la familia, el barrio, la escuela o la iglesia. Los medios son básicos en la educación emotiva y sentimental de la sociedad receptora y su estrategia comunicativa se ha centrado en la movilización de emociones, a veces de manera sutil, casi imperceptible.
Parece increíble que todavía la mayoría de medios no hayan aprendido a informar sin señalar, culpabilizar en la mayoría de casos, a una minoría, a un colectivo. Esa manera de dibujar la realidad genera mentalidades racistas y xenófobas al unir el concepto de pertenencia a una minoría sexual, étnica o social, a la delincuencia. Es la teoría de la lluvia fina que, poco a poco, va calando en el imaginario colectivo de la sociedad receptora de esos mensajes. Es decir, en nosotros. A pesar de que los datos nos dicen que la mayoría de delitos penales en España son cometidos por españoles blancos, los medios nos dicen lo contrario sin atreverse a afirmarlo de manera rotunda. Para nuestros mass media los culpables casi siempre son los mismos: magrebís, negros, africanos, latinoamericanos, chinos o caucásicos. Muchos de los prejuicios y estereotipos que nuestros medios reproducen a propósito de las minorías étnicas en España se corresponden con la imagen que esos mismos medios transmiten de los países de origen de las personas migradas.
Y parece mentira que estemos, como cualquier cangrejo que se precie, dando pasos hacia atrás. Ya en el siglo pasado, en octubre de 1992, el propio Colegio de Periodistas de Catalunya creaba y difundía el Manual de estilo sobre el tratamiento de la información relacionada con las minorías étnicas. El documento, elaborado por Isidre Ramos, Elisabeth Anglarill y Francisco Martín se basa en 6 puntos muy básicos: 1. No inclusión del grupo étnico, color de la piel, país de origen, religión o cultura, si no son necesarios. 2. Evitar las generalizaciones, los maniqueísmos y la simplificación de las informaciones. 3. No potenciar la información negativa ni las sensacionalistas. 4. Ecuanimidad en las fuentes de información. 5. Responsabilidad de los profesionales. 6. Militancia periodística intercultural.
La propia profesión decidió entonces incluir el documento en su Código Deontológico, 28 años más tarde sigue siendo papel mojado. Las noticias sobre la inmigración siguen transmitiendo la imagen de la persona migrada como alguien extraño y potencialmente peligroso. Generalmente están relacionadas con el mundo de los “sucesos”. Con frecuencia, además, este tratamiento se da en paralelo a un intento por provocar compasión, caridad o tolerancia hacia el otro.
En sentido, un ejemplo, escandaloso, es el tratamiento informativo que se les da a los menores sin acompañamiento familiar que se encuentran en nuestra sociedad. Los medios de comunicación los presentan, mayoritariamente, como personas resistentes a la acción educativa y con una cierta tendencia natural a la conflictividad, incluso como si ya fuesen niños de la calle en su países de origen.
Por eso decimos ¡Basta ya!, porque estamos hartos de que los medios de comunicación criminalicen a grupos de personas por su lugar de procedencia o por su color de piel o religión. Si eso cambiase, tal vez no ocurrirían casos como el de Hind Amil.

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