Badalona, la ciudad dónde su alcalde no quería menores

Badalona es la cuarta ciudad más poblada de Catalunya. Es decir, es una ciudad importante, con peso económico y social en la sociedad catalana. La antigua Baétulo romana es hoy también, como muchas ciudades de Catalunya, como muchas ciudades de España,  la suma de muchas identidades llegadas desde hace siglos.

Badalona es para mi importante. Buena parte de mi infancia la pasé allí, los fines de semana, en el barrio de La Salut. 

Pues bien, una ciudad tan importante tiene un alcalde que no está a la altura. Tiene un alcalde que le vende a sus vecinos del Barrio del Remei el haber conseguido evitar la instalación de un centro para menores no acompañados cómo un éxito, cómo una victoria de la que alegrarse. 

No tengo ningún recuerdo que pueda diferenciar el barrio de La Salut de cualquier ciudad, que no pueblo, andaluz. En los 5 años que la frecuenté, de los seis a los doce y siempre familiarmente, jamás oí o leí una sola palabra en catalán.  

El alcalde, Álex Pastor, que dice ser socialista y milita en el PSC,  prefiere utilizar la prohibición para solucionar problemas de convivencia. Aparentemente eso le dará votos, o por lo menos eso cree. ¿Qué pasaría si todas las ciudades y pueblos de Catalunya hicieran lo mismo? ¿Dejarían de llegar menores? 

¿Alguien cree que eso vaya a ser así? ¿Alguien cree, de verdad, que si no construimos centros dejarán de venir? ¿No sería mejor, más inteligente, más positivo para todos, aprovecharnos de algo que, irremediablemente, va a seguir pasando?

¿No sería mejor formar a buenos profesionales de la acogida y la integración? ¿No saldríamos todos, incluso económicamente, beneficiados si creásemos nuevos recursos y nuevos puestos de trabajo que favoreciesen las nuevas convivencias? ¿No sería mejor fortalecer las redes de acogida teniendo en cuenta que son la primera herramienta de integración? ¿No debiéramos invertir en infraestructuras que faciliten un proceso de integración no conflictivo? Si lo hacemos seremos, socialmente, más ricos, sin duda, y tendremos menos conflictos convivenciales.

40 años más tarde en La Salut ya no sólo se oye castellano. Se oye también catalán, y árabe, y urdú, y  rumano. Son nuevos acentos, y no se si es mejor o peor, pero es.  

Tenemos la oportunidad de dibujar el futuro de nuestra sociedad. ¿No será mejor que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, vivan en sociedades abiertas e interculturales que en sociedades con conflictos raciales? 

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