Argelia y Marruecos, los dos vecinos hostiles del Mediterráneo

  • El escenario se torna cada vez más complicado entre las dos naciones, que comparten una larga historia común, jalonada de acontecimientos de dominaciones exteriores a lo largo de los siglos 
  • Si se tiene en cuenta que los dos países magrebíes alcanzaron sus respectivas independencias a principio de los años 60 del pasado siglo, su constitución como Estados modernos es relativamente reciente
  •  Ambos gobiernos han optado por la confrontación permanente y si Argelia apoya y arma al Frente Polisario, Marruecos ha sido denunciado por apoyar al Movimiento por la Autonomía de la Cabilia

 

La escalada de tensión entre Argelia y Marruecos no tiene atisbos de ser frenada por ninguna de las partes; todo lo contrario, crece por momentos e involucra a sus vecinos más inmediatos, Mauritania, España y Francia, e incluso Alemania y todo el Mediterráneo occidental. Los dos países más evolucionados económicamente y con mayor población del Magreb y, por tanto, llamados a liderar la unión y el progreso de la región, compiten sin embargo por una hegemonía impracticable que pasa por multitud de problemas y desencuentros.

El escenario se torna cada vez más complicado entre las dos naciones vecinas, que comparten una larga historia común, jalonada de acontecimientos de dominaciones exteriores a lo largo de los siglos, pero también de alianzas, como la inestimable ayuda que prestó Marruecos a Argelia en su lucha de independencia frente a Francia, entre los años 1954 y 1962, y de conflictos armados, como el más reciente, la Guerra de Las Arenas, entre 1963 y 1964, debido a las reivindicaciones de Hassan II sobre la ubicación de las fronteras comunes establecidas a través del Tratado de Lalla Mughnia de 1845, en pleno Protectorado marroquí, un proceso auspiciado por Francia, la potencia colonizadora de ambos países, por sus intereses extractivos en Tinduf y Hassi Beida, territorios que Marruecos reclamaba como propios.

Si se tiene en cuenta que las dos naciones magrebíes alcanzaron sus respectivas independencias a principio de los años 60 del pasado siglo, su constitución como Estados modernos es relativamente reciente, y también, consecuentemente, que sus sometimientos anteriores y seculares a potencias extranjeras o su implicación en bandos contrarios en la Guerra Fría son factores que han influido mucho en el actual estado de cosas. Marruecos fue la primera nación del mundo en reconocer la independencia de los Estados Unidos de América en 1777, con lo que su alineamiento en el bloque occidental estaba cantado, tanto como, al contrario, sucedió con Argelia y su alianza con la antigua Unión Soviética junto a Libia.

La Guerra de las Arenas fue solo el preludio de lo que ocurrió después, con algunos encuentros y desencuentros por el camino, con posicionamientos decantados en una mezcla de lealtad a los bloques que todavía siguen coleando en la actualidad y que, unido a la injerencia anterior de España y Francia, con el establecimiento del Protectorado de Marruecos, en la que los dos países europeos se repartieron la geografía marroquí, incluida sorprendentemente la del Sahara Occidental, con la excusa de pacificarlos y administrarlos, y el beneplácito del Reino Unido, que no quería que París se hiciera dueño del Mediterráneo sur occidental, frente a su Peñón de Gibraltar y su control de paso en el Estrecho; dejaron tras de sí el galimatías de hechos consumados por el que todavía hoy siguen litigando Rabat y Argel.

A partir de ahí, parece ser que ambos Estados han optado por la confrontación permanente, y si Argelia apoyaba y armaba al Frente Polisario y su lucha de guerrillas para conseguir la independencia del Sahara Occidental desde territorio argelino, Marruecos ha sido denunciado reiteradamente por Argel por apoyar al Movimiento por la Autonomía de la Cabilia (MAK) o por espiar a sus políticos, diplomáticos, militares y ciudadanos con el programa Pegasus israelí.

Precisamente ha sido Israel el último elemento rezagado en entrar al tablero de la disputa creciente como contrapartida al reconocimiento de la integridad territorial de Marruecos por parte del anterior presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump -pronunciamiento que no ha revertido su sucesor, Joe Biden- no solo por lo que ello acarrea para los vínculos tradicionales de Rabat con los países árabes, sino también porque Tel Aviv está vendiendo armamento de última generación a su nuevo socio, que intenta reducir la gran distancia que le separa en cantidad y calidad del equipamiento militar argelino, que se nutre de la industria rusa; un muy difícil equilibrio para el reino magrebí, que ha endurecido su postura en los últimos meses frente a la resistencia de Europa a secundar el pronunciamiento de Washington y que puede llevar a Rabat a un posible aislamiento regional, si no declarado, si de facto, que pondría en franco retroceso su pugna por su soberanía sobre los territorios saharauis.

Datos comparativos

 Así y todo, y según diversas fuentes acreditadas, Argelia sigue siendo muy superior no solo en cuanto a potencial militar, con casi el doble de armamento que Marruecos en casi todos los capítulos menos en el de tanques, con gastos en defensa respectivos de 8.463 y 4.295 millones de euros, sino también en producto interior bruto, con 127.091 millones de euros frente a 98.819 millones de euros, y en índice de negocios, 157 frente 60. Sin embargo, en exportaciones se igualan los datos, 33.549 y 32.847 millones de euros, respectivamente, pero vuelve la ventaja del primero en producción de energía, 66,89 millones de kilovatios frente a 28,75, y exportación de energía, 641 y 165 millones de kilowatios.

Ahora bien, Argelia cuenta con los recursos naturales precisos para ser uno de los países más ricos de África, sobre todo debido a sus yacimientos de hidrocarburos, que abastecen sus necesidades energéticas con holgura y representa el 85,6 por ciento de sus exportaciones y la sitúan en la décimo quinta posición entre los países del mundo con mayores reservas de este elemento, con 12.200 millones de barriles de petróleo, a lo que se une más de 150 billones de metros cúbicos de gas natural, esquisto, 3.419 trillones de metros cúbicos, y otras bolsas no menos relevantes por determinar y explotar; según datos de 2019.

En este campo, en el de los hidrocarburos, Marruecos no ha tenido tanta suerte como Argelia porque, a pesar de sus múltiples intentos e inversiones en sucesivas y diversas prospecciones, tanto en tierra como of-shore, con una inversión cercana a los 50 millones de euros, el éxito ha sido escaso. La producción de petróleo es mínima y solo alcanza en sus yacimientos de gas algo menos de 100 millones de metros cúbicos; con lo cual su dependencia energética del exterior es notable. Lo que sí ha conseguido el reino alauita es convertirse en ejemplo internacional de apuesta por las energías renovables que, según la publicación World Energy Travel, cubren hasta un 35 por ciento de sus necesidades actuales, una cifra que el Gobierno planea incrementar hasta el 50 por ciento en una década.

A ello hay que añadir otros indicadores diferenciales, como la tasa de paro (Argelia-Marruecos), de un 12,8 y un 10,2 por ciento, respectivamente; la inflación, 2,42 frente a 0,75 por ciento; coste de vida, 34,32 y 48,70 por ciento; o valores como la estabilidad política, 40 frente a 57; gasto público, 57.909 y 36.184 millones de euros; derechos civiles, 25 contra 41; corrupción, 36 y 40; red de carreteras, 104.000 y 53.000 kilómetros; red ferroviaria, 3.973 y 2.067 kilómetros, o puertos, 149 frente a 62; así como balanzas comerciales, -9,37 y -14,55 por ciento; en sus poblaciones de 44, 2 y 37,1 millones de habitantes y superficies territoriales de 2.381.741 y 446.550 kilómetros cuadrados, también respectivamente.

Últimos acontecimientos hostiles

Mientras tanto, la espiral de hostilidades crecientes en el conflicto bilateral ha pasado recientemente por la prohibición a la aviación marroquí de entrar en el espacio aéreo argelino, la declarada y solemne suspensión de relaciones por parte de Argel, el cierre del gaseoducto que pasaba por Marruecos hacia España, el atentado contra un camión argelino en tránsito desde Mauritania cuya autoría apunta a Rabat, y que este no ha podido desmentir, o el acercamiento de Argelia a Mauritania para crear una zona de libre comercio en la frontera entre ambos países, aparte de una agenda de comisiones periódicas bilaterales destinada a establecer mecanismos de seguridad compartida, entre otras claves; a todas luces una vuelta de tuerca más del Gobierno argelino para envolver y cerrar la salida hacia el sur de su vecino y, sin embargo, enemigo.

A todo ello se une la crispación que mantiene, de un lado, Marruecos con España, Francia y Alemania, o el conjunto de Europa, tras el dictamen del Tribunal General de la Unión Europea sobre el acuerdo de pesca, que deja provisionalmente fuera del convenio los recursos del Sahara Occidental, a la espera de la resolución final tras ser recurrida por Rabat, o por el compromiso inequívoco que demanda sobre su unidad territorial y que Bruselas parece negar en aras de la legalidad internacional vigente en el contexto del mandato del proceso de descolonización de la ONU y la MINURSO; y del otro, la confrontación de Argelia con Francia debido a unas recientes declaraciones del presidente galo, Emmanuel Macron, en las que cuestionaba el sistema político argelino, algo que ha endurecido como respuesta el tono del presidente Abdelmadjid Tebboune con el Elíseo y que ha llevado al primero a disculparse por la matanza de civiles en la guerra de independencia argelina.

Por tanto, la madeja ha terminado por enredarse definitivamente y no parece probable una pacificación pronta, hasta el punto que la posibilidad de una guerra entre los dos países ha sido analizada últimamente con más intensidad que nunca por expertos y medios especializados; lo que preocupa, y mucho, a los vecinos del Mediterráneo, que pugnan por utilizar toda la diplomacia de la que son capaces, como ha hecho España tras su acogida al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en un hospital de Zaragoza, en oscuras circunstancias, con la consecuente irritación de Rabat y la retirada de su embajadora en Madrid; a lo que hay que añadir la vuelta a la lucha armada de la República Árabe Saharaui Democrática, que aprieta aún más la calma tensa del desierto, a pesar de la última resolución de la ONU que habla de una solución negociada y política entre las partes, o precisamente por eso mismo.

Antecedentes coloniales determinantes

El nudo gordiano en el que se ha convertido el Magreb occidental parece trufado por múltiples antecedentes irresueltos y por el papel de los diversos actores que han estado directa o indirectamente implicados en ese devenir en el que se han dado abusos coloniales, aplicaciones de fronteras por intereses extractivos de las potencias ocupantes, asunción de estatus políticos de regiones ajenas como provincias o territorios propios y la posterior salida, dejándolos a su suerte en contenciosos territoriales que han abocado a una sucesión interminable de luchas fraticidas y rencor por las vidas perdidas.

Sesenta años no son nada para unos Estados o unas regiones que arrastran un pasado antiguo y reciente de dominaciones sucesivas, pero sí que es crucial para la estabilidad de una Europa que no quiere reconocer sus errores y vuelve a inhibirse, como si ese escenario no fuera el suyo, en una geografía, la del Estrecho y la del Mediterráneo, cuyas distancias parecen haberse evaporado tanto por la evolución de un continente, el africano, paulatinamente empobrecido, que arroja decenas de miles de migrantes hacia el norte, como por la emancipación y extensión de las nuevas tecnologías que comunican de forma instantánea todo el planeta.

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